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lunes, 13 de julio de 2015

Una de Trapote y la oreja más barata que hemos visto en Madrid en lo que va de siglo XXI

Escudero, Vanegas, Valencia


José Ramón Márquez

Hoy, Las Ventas, Patio de Monipodio, cubil de la mangancia, patria de Rinconete y Cortadillo. La picaresca ahí, en el escaparate de la Plaza de Toros, para que todos los extranjeros que ocupaban los tendidos tuviesen la más aquilatada visión de lo peor de esta España de nuestros pecados. De los once aficionados españoles que pasamos por taquilla -los de gañote no los contamos, por tener otros compromisos- no decimos nada, por hallarse curados de espanto y tómese aquí el término curado en el sentido de endurecido y seco, como la cecina.

1. La Empresa y el ganado

La Empresa que regenta los destinos de la conocida como Primera Plaza (de Pueblo) del Mundo, a la sazón la razón social Taurodelta S.A., de la que las cabezas más visibles son un padre y unos hijos, el padre se llama Manuel y los hijos ya te lo he dicho, dentro de la pavorosa programación que presentaron para los domingos del  mes de julio incluyeron una novillada de los Hermanos Sánchez de León. Nadie entiende cuál es la razón de programar una novillada de los Sánchez de León, que son unos señores a los que nadie conoce que se compraron sus correspondientes juampedritis de Fuente Ymbro, eliminando lo anterior. No se pide que para traer una novillada a Madrid en julio haya que acarrear la fama de don Vicente Martínez o del Duque de Veragua o del Marqués de Saltillo, pero  sí que  lo que anuncien suene un poquito, un poquito nada más, sí. Y todo el sonido o soniquete de los Sánchez de León procede de que el año 14 lidiaron un novillo de sobrero. Con ese magro bagaje, e imaginamos que con el low cost inherente a los pocos méritos de la vacada, los avezados emprendedores Tauro D ajustaron una corrida de novillos para hoy. A saber quién será el veedor de Tauro D, pero el tío se lució de lo lindo. Los novillos ya estaban fuera de juego el pasado viernes, ignominioso retorno a Trujillo, y las mentes pensantes se pusieron a buscar por ahí algo barato que echar a Las Ventas y entonces se encontraron con los Toros de la Plata, más bien del bronce diríamos, la ganadería que agrupa en la Sociedad Limitada Pastos y Ganados del Suroeste una mezcolanza o gazpacho de sangres Núñez y Torrestrella, avalada por la fiabilidad que da el saber que el año pasado no lidiaron ni una y cuyo representante es el emprendedor don Pedro Trapote, famoso por sus fiestas y cuñado de Gonzalón, el que nos metió en Europa al precio que le piieron. Bien, pues el bueno de don Pedro no tenía en El Castillo de las Guardas seis novillos para Madrid y envió lo que tenía, que quien da lo que tiene no está obligado a más,  tres elementos de su padre y de su madre que ni con las pruebas del ADN en las manos se podría decir que entre ellos guardasen la más mínima relación de parentesco. Como es bien sabido, al menos por unos pocos de los que estábamos en Las Ventas, la corrida consta de seis novillos, por lo que hubo que remendar los Trapotes de la Plata con tres de Antonio Ordóñez, Atanasio y Conde de la Corte, que serían eso cuando la ganadería la tenía el maestro de Ronda y que ahora, vaya usted a saber. Remiendo con la tríada de novillos low cost de Ordóñez de poco o nulo interés y de menos fuerzas aún, lo cual propició la irrupción en el ruedo de uno de Aurelio Hernando que no era jabonero y que a la postre fue el más toro de la infausta tarde.

2. Sánchez y los de las mulas

Fernando Sánchez, el tercero de Castaño, iba también de tercero en la cuadrilla de Guillermo Valencia. Ni cuenta nos habíamos dado durante el paseo, pero al ver su característica manera de ir al toro para cuartearle en banderillas y fijarnos en sus patillas decimonónicas en seguida caímos. Tras el trasteo del matador que finaliza con el torero entre las patas del toro, atropellado al entrar a matar, se produce una cierta petición. Los de las mulas, como es costumbre, más bien abuso, se aproximan al lugar donde se encuentra el cadáver del toro a la velocidad de crucero de un perezoso (0.7 m/seg), haciendo las consabidas cucamonas como de que se ha soltado un ramal o hay que apretar un atalaje, favoreciendo que asome algún pañuelo más, para ir sumando, que todo es bueno para el convento. Sánchez coloca como descuidadamente su capote en el suelo frente al toro haciendo de barrera para que las mulas no puedan llegar a la cabeza donde el hondero espera, con su labor hecha, a poder enganchar al toro al tiro de mulas. Aunque Sánchez rezonga, pierde el tiempo, hace como que no se entera y mira hacia el otro lado, el número de pañuelos no crece; finalmente las mulas salen hacia el desolladero portando el cuerpo del novillo y Sánchez se va a la barrera visiblemente contrariado por el poco éxito de su triquiñuela y con aspecto de estar soltando por su boca lo que no está en los escritos.

3. Cano Seijo y Briceño

Mira que está clarito lo de que la primera oreja la da el público. Pues no. El Palco que había negado la oreja a Guillermo Valencia, y eso que se emplearon los trucos antes explicados, habiendo una petición medianeja, desparrama el moquero blanco con una petición de unos veintisiete pañuelos para Manolo Vanegas en su segundo, el de Aurelio Hernando. Cano Seijo, que no debería ser Presidente en la Plaza de Madrid, tiene un concepto del Palco muy ancien-régime y se ve a sí mismo como un Rey Sol, cuyo Mazarino sería Briceño (lo mismo este Briceño de hoy con cara de Briceño que el del otro día disfrazado de Joselito Calderón). Cano Seijo se sienta tras el tapiz y ya está como si se encontrase en Versalles con el pelucón en la cabeza. A veces usa el truco del teléfono, de hacer que habla por teléfono para darse aún más importancia, pero lo que de verdad a él le gusta es sacar los pañuelos cuando le place, venga a cuento o no. En la Feria de San Isidro le sacó el pañuelo anaranjado al Jabatillo de los Lozano porque le salió del níspero y porque ¿quién le va a discutir a él su omnímodo poder sobre esos pañuelicos que penden por el lado interior del Palco presidencial? Y ahí tenemos a los Briceño, al de la careta y al otro, cada uno cuando le toca, dando su sabio y desinteresado asesoramiento para que el moquero asome y así, en esta tarde tórrida, el venezolano se pueda llevar a Táchira la oreja más barata que hemos visto en Madrid en lo que va de siglo XXI y que más que como oreja cuenta como un obsequio personal de Cano y Briceño al joven novillero tachirense.

4. ...Y Faustino

El pobre Faustino, con estos calores, dejándose las palmas en favor de la torpeza, la bastedad y los modos de aficionado práctico de Guillermo Valencia nos llevan al recuerdo de las palmas a Conchi Ríos, que para muchos marcan el inicio de su decadencia.

5. Y lo demás

Muy pocos argumentos en la tarde. Acaso Manolo Vanegas, al que vimos el año pasado en Morata con una corrida bastante seria de Zacarías Moreno sea quien ha dejado mejor impronta de su paso por Madrid. Le tocó el toro de más exigencia de la tarde, Dulce, número 27, de Aurelio Hernando y aunque bien es verdad que sus modos no se ajustaron a las condiciones del toro, también debe decirse que aguantó el tipo con valor y decisión, siempre al borde de la cogida. Merece la pena volver a verle.

José Ney Zambrano montó gustándose y picó midiendo el castigo en una buena actuación.