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lunes, 6 de julio de 2015

Korriskosso




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    La última vez que hizo este calor fue el año que murió Franco. Dicen que esta vez podría morir el euro, víctima de los griegos, que lo consumen como los españoles el langostino, sin tasa. De aquí debe de surgir nuestra repentina solidaridad hacia Grecia, que en realidad es hacia el nacional-comunismo que allí gobierna, pues los griegos, empezando por Homero en la escuela, nunca nos quitaron el sueño.

    Ayer, a la espera del plebiscito en la Hélade, decidí regalarme un domingo inglés a base de ventilador, tresillo y Eça de Queiroz.
    
En un domingo como el mío, conoció Eça de Queiroz en Londres al poeta lírico Korriskosso, camarero griego de cara fatal y byroniana.

    –Griego de Atenas.
    
Cuando se ha viajado por Oriente, ante los primeros griegos que se ven, el entusiasmo, confiesa Queiroz, se enciende un tanto, piensa uno en Alcibíades y en Platón, en las glorias de una raza estética y libre, y se perfilan en la imaginación las líneas augustas del Partenón.

    –Pero, después de haberlos tratado en las mesas redondas, y especialmente después de haber escuchado la leyenda de bellaquería que han dejado ellos desde Esmirna hasta Túnez, los otros que uno ve provocan tan sólo estos movimientos: abrocharse rápidamente la levita, cruzar fuertemente los brazos sobre la cadena del reloj y aguzar la inteligencia para rechazar la “escroquerie”.
    
Nuestros comunistas tienen tanta fe en sus camaradas griegos que exigen que los trabajadores españoles por cuenta ajena (eso incluye a los periodistas, aunque ellos no se lo crean) no sólo renuncien a su dinero prestado, sino que sigan prestándolo hasta que a Varoufakis, el tipo que emocionó a Spielberg haciendo con su 1,60 peinetas a los alemanes, le salgan las cuentas. Mas a Varoufakis le aguarda el mismo final, camarero en Londres, que a Korriskosso, que de una discusión sobre impuestos hacía él surgir églogas de Teócrito, talento que en Atenas lleva al Poder.

    –Korriskosso era sólo un grande hombre… en griego.