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martes, 10 de febrero de 2015

TV



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

En lo que llama Monedero, diré que la globalización es este mundo de “telepollas” (hallazgo de Cela, el de “La familia de Pascual Duarte”, para que patalee Vicent, el de “Hágase demócrata en diez días”) en que la primera medida de los descamisados en Grecia, donde no hay para comer, es… reabrir la TV.

Moussaka no tenemos, pero, por Zeus, que no nos falten los Goya.

Sin TV, no hay gala de los Goya ni turra complutense de esos analfabetos profesorales que se nos vienen encima en las encuestas con su colerina intelectual y su librillo de la conquista del Estado fusilado de Ledesma Ramos.
Rajoy recortó la extra de los funcionarios, pero no la TV donde amontonan trienios Jordi Hurtado y Ana Blanco.
Que la TV nos roba hasta el alma lo dice el hecho de que incluso Pablemos debe reprimir sus ganas de “romper la cara a los fachas” (con esas mismas manitas que emplea para darse aplausos de bebé) que se encuentra en los platós, para que veamos la influencia de la TV en la política contemporánea.
Si no fuera por la TV, ¿cómo sabríamos que el mal de la democracia es el bipartidismo? ¿Qué bipartidismo hay en el Régimen del 78? Si se conviene en que la democracia no determina el bien ni el mal, sino lo más y lo menos, ¿qué tiene de malo el bipartidismo?

Con la democracia nos pasa a los españoles lo que a Quevedo con las mujeres, que estamos ayunos de lo que es y ahítos de lo que lo parece. Se ve en el columnismo, donde toda la filosofía política que reluce procede de los Python en “La vida de Brian”. Para los columnistas, lo que no sea “La vida de Brian” (veinticinco partidos de un solo miembro discutiendo en la grada del Bernabéu), es bipartidismo.

Nunca me gustó la TV, y ahora ni la veo. Mi canal era el Quinto de El Perich, el genio que en su última viñeta, hace veinte años, vio venir a los bocas de Podemos:

Decir que los pobres somos mejores que los ricos es una tontería... La prueba es que todos los pobres quisiéramos ser ricos.