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jueves, 12 de febrero de 2015

Carnavaleando

Paco Alba. Profeta del Carnaval. Creador de la Comparsa


Francisco Javier Gómez Izquierdo

         Llevo unos días sin asomarme al mundo y las únicas noticias que me llegan, ya en la noche, son los entusiasmos de mi tierno infante por ese Juan Carlos Aragón de dispersos pensamientos y exquisitos pasodobles al que reconozco talento, majestuosidad y sobre todo distinción en sus puestas en escena. El juancarlismo gaditano corre el riesgo de convertir el salero caletero en arma arrojadiza entre partidarios y detractores de este menudo profesor que proclama un antisistema de ida y vuelta con argumentos podemísticos y soldada presupuestaria, por el empecinamiento del genio en reñir al jurado exigiendo el premio mayor del Carnaval. Si Juan Carlos Aragón consigue el primer premio en comparsas, que lo conseguirá, malo, y si no... peor. El segundo premio sería afrentoso a una facción incondicional que esperará en la plaza del Falla la madrugada del sábado la decisión del Jurado... y al Jurado en pleno por si hay que cantarle las cuarenta.

       Me entero esta mañana de que en Madrid también estrenan gala de Carnaval y que alguien ha encargado esas caretas de cemento armado tan corrientes en el virreinato de Andalucía para disfrazarse de nobleza y dignidad, como esos comparsistas de la Junta, con aire trascendental y tono de jurisconsultos, que soltaban denarios asalvajados para que los chirigoteros de los sindicatos los domaran. Muchos miles que fueron a sueldos de psicólogos y terapeutas -familiares estos de las vacas sagradas de las delegaciones sindicales importantes- se disfrazaban de ayudas para unos parados que tenían que aprender a soldar, y hasta unos jamones de Huelva devorados por el lobby sindical salieron del solidario traje del Servicio Andaluz de Empleo, un ente con unas cuentas que no hay contable que las entienda.

       Leo que en el  coro socialista de Madrid apedrean al tenor y que el guirigay en la capital es de mucha consideración. Tengo el convencimiento de que intentar comprender la política es insana ingenuidad y viendo el jaque del jefe socialista Sánchez al subordinado -supongo- Gómez me reafirmo en la idea. A mí Tomás Gómez me parece un señor que se muestra soberbio con ademanes gimnásticos al que le gusta hacerse querer entre gentes dadas al terapeutismo natural y la psicología, ocupaciones éstas que los líderes sindicales veteranos siempre han visto como una salida magnífica para sus hijos y demás parientes jóvenes. Ese tipo de amistades suele llevar a creencias equivocadas, como por ejemplo, que todo lo que uno hace lo hace con buena intención, aunque salga mal y con trampas. Creo que es ahora cuando el político Tomás Gómez va a empezar a ser la persona que de verdad es. Resquebrajado su argamasado disfraz en pleno Carnaval, me da que los madrileños no sabrán distinguir ya la verdad de la impostura en este hombre de rictus avinagrado y manías tranviarias.

      ¡Ah, el Carnaval!  ¿Cómo no quedarse con el de Cádiz donde el Selu, el Vera y el Love disputan una final chirigotera clásica, alejada del barriobajerismo y la incompetencia de tantos y tantos postulantes pretenciosos? Pues eso, que allá que me voy esta tarde mismo...