Follow by Email

viernes, 13 de febrero de 2015

La ubre




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La fuerza motriz de Occidente es la ira, tiene escrito el pensador alemán Peter Sloterdijk, quien por salvar su fe, la socialdemocracia, propone la revolución de la fiscalidad voluntaria.

Sloterdijk ve que, al llegar a la Europa del bienestar, el forastero no entiende que la sociedad más rica de la historia, la de aquí y ahora, sea a la vez la más malhumorada, insatisfecha y desconfiada que haya habido en época de paz.

El motivo del gran disgusto reside en la humillación sistemática de los dadores por parte de los tomadores organizados.

De ochenta millones de alemanes, sólo cuarenta realizan actividades generadoras de ingresos. De estos cuarenta, quince están excluidos de la extracción fiscal. Cinco, aportan el setenta por ciento, y veinte completan el treinta por ciento restante. Es la ubre europea que ningún rey absoluto se hubiera atrevido a soñar.

¡No hay impuestos sin representación! –gritaron en América los hijos del “Mayflower”, y montaron la democracia representativa, que no es un invento de Chávez, como cree Pablemos, sino de Hamilton.

En Europa la representación es cosa que nos niegan esos sistemas proporcionales que en España ningún partido (marianistas, sanchistas, riveristas, rosillos-ireneos, taninos-barriguitas, pablemositanos) quiere cambiar.

Ucrania aparte, los alemanes de hoy no sólo no “montan” nada, sino que se dejan chulear por los tetones del Sur, que proscriben la austeridad (única virtud exigible a un gobierno) y con la bufanda Burberry a modo de látigo Valance (Liberty) fanfarronean en la cantina de pasar la factura de la juerga… a los alemanes, en compensación de… daños de guerra.

Son la izquierda (¡la organización política de la ira!) sureña.

¿Utopía del derroche o régimen de la modestia?

No deberíamos pasar por alto –contesta Sloterdijk–, un aspecto político de la oscilación entre austeridad y derroche: la modestia sólo podría llevarse a cabo en una dictadura planetaria.

Y nosotros, con Gómez que sí que no.