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jueves, 26 de febrero de 2015

Los octavos

El lunes en los servicios de un pub en Berlín


Francisco Javier Gómez Izquierdo

    Se juegan los primeros partidos de la auténtica Copa de Europa y como cada año, siempre están los mismos. Se echa de menos al Milán, pero el Milán lleva tiempo siendo un asilo y quizás el United, en proceso de reconstrucción. Los equipos de la nobleza europea cumplen como les corresponde por rango y los postulados como máximos aspirantes, Madrid, Bayern, Chelsea y Barça, esperan los encuentros de vuelta con las ventajas de resultado, calidad y sobre todo experiencia.

       Al Madrid le tocó el Schalke, conjunto al que hemos de considerar intruso en octavos. Con plantilla limitada y calidad, digamos entusiasta, es la perita en dulce que los grandes de Europa desean en el sorteo. El asunto está resuelto y el entrenador Ancelotti espera rival... y a Modric, al parecer, una necesidad vital.

       El Bayern no marcó en Ucrania y la lógica dice que resolverá en Múnich, pero a mí este Shaktar Donest me parece equipo guerrillero e imprevisible, el reducto oriental de una legión brasileña capacitada para sorprender al más pintado. Incluso al Bayern. Seguro que el entrenador Guardiola tiene la mosca tras la oreja y a Luiz Adriano rondándole el área en sus pesadillas. 
      
El Chelsea de Mourinho ha conseguido  que al menos un equipo inglés sepa estar en la mejor competición del Mundo. Mourinho es un estratega extraordinario que estudia y no mira a sus rivales y que exige a sus hombres el sacrificio que se espera por la soldada que se les paga. El entrenador Arséne Wenger, inexplicablemente admirado por el periodismo deportivo de todos los países, vuelve a ese mes de la marmota que tanto le delata. Siempre por febrero, los aficionados se preguntan por qué se perdona tanto a este hombre de conceptos etéreos y gaseosos. Pide, y se le concede, prestidigitadores en sazón que ante la presencia de inofensivas culebrillas se tornan quebradizos y pusilánimes. El verdugo ha sido esta vez el Mónaco, un equipo menor donde aún intimida Berbatov, aquel delantero que creíamos jubilado.
    
¿Y el City?  El Manchester City es un palacio donde no cabe Pellegrini. Al ingeniero se le tiene por exquisito, pero no pasa de maestro de juveniles. No da nivel para equipos grandes. Rentable en Villarreal y Málaga, su gestión fue ruinosa en Madrid y sigue siéndolo en Inglaterra. ¿Qué verá Pellegrini en De Michelis? ¿Que tareas encomienda a Nasri? ¿Cómo entrena el arte de presionar?
      
El Oporto es el equipo que mejor ficha en Europa. Lopetegui, Oliver Torres, Brahim, Casemiro, tienen obligación de revalorizarse y a fe que lo van a conseguir. Uno tienen especial predilección por Herrera -y por Matuidi del PSG- , ese mejicano feo e  incansable al que cualquier entrenador bien nacido quisiera tener entre los suyos. Los grandes lo pedirán en cuartos y puede que alguno se arrepienta. ¡Al tiempo!

     Y por último los alemanes de Dortmound y Leverkussen . Del Borussia no sabemos a qué atenernos. El regalo de Chiellini -otra vez Chiellini- ha dado vida al equipo del simpático Klopp, moribundo en la Bundesliga. La Juventus no tiene competencia en Italia y la falta de exigencia suele pagarse cara, sobre todo si tienes que visitar el fiero y ensordecedor Signal Iduna Park, convertido en avispero infernal en las noches trascendentales.
     
Roger Schmidt está llamado a ser entrenador de pongamos el City o el Arsenal, equipos con técnicos erráticos, pero ahora lleva al Leverkussen, que de momento compite con mayor fiereza que el Atlético de Madrid, y no son ganas de señalar. El Leverkussen es equipo alemán de siempre. De fuerza, de físico y de ideas simples y prácticas. Roger Schmidt es alemán inteligente capacitado para poner en apuros al más solvente. No tiene plantilla envidiable, pero ha hecho un equipo tan terrible que es capaz de eliminar al Atlético. Confío en el Atlético y en el espíritu combativo de Simeone, pero he de reconocer que Roger Shmidt es tan bravo o más que el Cholo. Si decidiera la calidad, los cuartos son para el Atlético, pero ¡ay! los alemanes.