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jueves, 12 de febrero de 2015

Ay, Uma

Beatriz Manjón
Abc

De Ángela Portero ha dicho Belén Esteban, quien influenciada por el cleopatrismo choni de Ylenia da la impresión de vivir en un perenne Halloween, que está fatal operada, que es como si el ISIS denunciara la crueldad de Boko Haram. Tal vez haya concluido que con el espejo, como con el amante, hay que pasar el tiempo justo para no fijarse en los detalles, pues bello suele parecer aquello que nos falta.

Ingrid Bergman le aseguró a Oriana Fallaci que no tenía miedo a hacerse vieja: «Resulta para mí interesante y tranquilizador. Al envejecer, siempre se puede decir que no». Uma Thurman, retratada como estatua de cera de sí misma, ya puede decir que no. Nada envejece más que la obsesión por mantenerse joven. Hasta el hecho de hallar algo nuevo que contar sobre envejecer, envejece, escribió Ammons. Lo curioso de los retoques estéticos es que, tratando de escapar de la tiránica lupa del aaargh, con frecuencia sólo se consigue aumentarla.

He aquí la tragedia: acomodarse al canon de belleza, para que el canon acabe rechazándote. Lo de menos es que la actriz esté en «The Slap», adaptación de la homónima serie australiana que la NBC estrena mañana: la historia de una bofetada a un niño propinada por un adulto, narrada desde el punto de vista de cada uno de los testigos. Disfrutamos más con el guantazo estético. Una, por si acaso, va a empezar a afeitarse la cara, que hay quien sostiene que es la causa de que los hombres lleven los años mejor, aunque lo más probable es que sea porque nadie está pendiente de sus arrugas. Pero si hay que mutar en algo, que sea en Conchita Wurst.