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viernes, 27 de febrero de 2015

Código para Ghilas

Francisco Javier Gómez Izquierdo

        La fiesta de cumpleaños de Ronaldo fue celebración entendida como poco ejemplar por esa recua de vigilantes delatores envidiosa de alegrías ajenas. Luego se supo que Casillas y sus amigos no fueron menos festeros y que los futbolistas del Barça también bailan y hasta juegan al póker en horas intempestivas. No ha habido periodista que haya reprimido su sermón particular sobre la falta de vergüenza, la responsabilidad, el arrepentimiento... y sobre todo la formalidad, como si la ociosidad del futbolista constituyera novedad.

         De las andanzas de los futbolistas se cuentan muchas leyendas y constan infinidad de certezas que entusiasmarían la chismosa naturaleza española, pero cuando un tipo como el entrenador de mi equipo, Djukic, prescinde de su mejor jugador en el momento más crítico de la temporada por dar mal ejemplo a sus compañeros y a la afición del Córdoba, la reprobación es seria de verdad.  La cosa fue mas o menos así:

       Después de perder 1-2 ante el Valencia, Ghilas, Bebé, Krhim y Rossi -todos extranjeros y titulares en el partido- salieron a divertirse por locales de la ciudad con fama de mucho ambiente y muchas chicas guapas -cordobesa y guapa son sinónimos- hasta relajarse en unas fotos, no se sabe si de grado o al descuido, que corrieron por esos artefactos móviles que tantos dolores de cabeza acarrean. De agravante, la hora: las seis de la  mañana. Como argumento exculpatorio tendríamos la inviolabilidad de la vida privada. De recto juez, un exfutbolista que falló un penalty y perdió una Liga. La sentencia, apartado del equipo. “..Sí, evidentemente es un castigo, porque es el referente del equipo y debe dar ejemplo”.
       
Los otros tres recién llegados al club se libran de la ira del míster y esperan temerosos el juicio del cordobesismo cuando los vean faenar esta noche en Sarriá.
        
Particularmente no me gusta el pronto de Djukic y su particular Código de Conducta, no repartiendo justica como el sentido común manda. O todos, o ninguno. Que la indisciplina cueste dinero y no mine la frágil entereza de nuestro Córdoba. Y sobre todo que mire atrás y recuerde sus tiempos de futbolista joven.

       Por circunstancias que no vienen al caso he conocido peloteros que lejos del fútbol empeoraron escandalosamente su fortuna y por ellos he sabido de cómo un internacional tenido por señor vivía con su amante para desesperación de su esposa, que además tenía que aguantar sus continuas borracheras, o las andanzas de un extremo andaluz que quiso llevarse las cucharas y tenedores de plata de un parador. En presencia del entrenador, en el vestíbulo y con las puertas cerradas  se procedió al cacheo de los equipajes.
 
El gran Naya esperaba cada día a un jugador del Burgos  en el portal de su casa  a partir de las once de la noche. Los entrenadores de Mágico González nunca pudieron con sus extravagancias anarquistas ¿Y qué decir del sin par Juanito al que sus compañeros de piso en Burgos no lo veían más que en los entrenamientos y no en todos?  Los hay de prácticamente antier que llenaban una bañera de marisco y dos habitaciones de suripantas para pasar dos días. Conozco otro que cogió tanto vicio con la farlopa que en activo ya atracaba gasolineras.

      Ghilas no ha hecho cosa en público que no prodiguen casi todos sus colegas de todos los clubs  en privado, pero como lo que se pide es discreción e hipocresía, puede que el castigo que le ha aplicado Djukic le enseñe a comportarse con la hipocresía debida, vuelva a engordar y espere equipo... con mucha educación y cortesía.