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lunes, 9 de febrero de 2015

El santo y la limosna




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    La diferencia entre un entrenador de fútbol y un administrador de egos (un mayordomo, para que lo entiendan los ingleses) es el partido del sábado en el Manzanares: trabajo argentino frente a “chistuleo” italiano (¡otra de jamón!). Sólo faltó Butragueño desplegando en la mesa de Leoncio los garbanzos de la pizarra de Ortego para parar al Mono Burgos.
   
 –Contra el Atlético tengo el mejor recuerdo de mi carrera –dijo en la víspera el administrador de egos.

    Cómo lo vería de negro ese hombre en Lisboa para decir ahora eso.
    
Pero tiene una flor (“Si cuando se abre una flor, / al olor de la flor, / se le olvida la flor”, cantaba Serrat, no me pregunten por qué): en Lisboa lo salvó el cráneo de Sergio Ramos, y en el Manzanares, la mano de Khedira.
    
A Khedira los piperos le echen cuentas: 18 balones recuperados por Gabi y ninguno por Khedira, un futbolista básico en el título mundial de Alemania al que el administrador de egos ha dejado sin ego.
    
Ninguna recuperación de Khedira, pero una mano suya sencillamente prodigiosa que salvó el 3-0. Era constitutiva de penalti y expulsión, pero el árbitro, que no ha jugado al fútbol en su vida, vio a Khedira quejarse de la cara y… escogió hacerse el loco, evitando al Madrid una escena de Dexter en el peor de los escenarios.

    El Atleti de Simeone ha convertido en un lúser al Madrid de Ancelotti, el hombre que emocionó a Spielberg aplaudiendo a Paco Jémez.
    
Cuando se produjo el milagro de Khedira (incluida esa picardía tan poco alemana), el Manzanares ya había coreado el “Íker, Íker, Íker” que confirma a Casillas en su destino terrible: ex portero. “Por favor, todos sabemos que es un ex portero” (Julián Ruiz).

    –¿Error? ¿Por qué ha sido un error? –se defendía después del partido (en su estilo) el ex.
    
Doña Croqueta (no hay peor cuña que la de la misma madera) trataba de tapar al ex con Bale, que no había querido correr, decía, pero el Manzanares no coreó “Gareth, Gareth, Gareth”, sino “Íker, Íker, Íker”, y eso que un tal Tebas, que habla como en esfinge, tiene prohibidas las risas en los estadios.

    El Atleti se había hecho con el santo (Íker) y la limosna (no otra cosa fue el 4-0, con lo que podía haber sido con la mano de Khedira).

    ¿Y si fuera gafancia el ánfora de la Fifa que el Madrid se trajo de Marruecos pegada sobre la tetilla derecha? A mí, desde luego, no me da ninguna buena espina. Parece una de las ánforas con que Putin salió de las aguas de Fanagoria (no confundir con el grupo de Alaska), frente a Crimea. Si Blatter quiere publicidad de su chiringuito, que se ponga el neopreno de Putin y saque él las ánforas, pero que no tenga a Carvajal subiendo la banda con esa pegatina… y esa barba de fraile capuchino escapado de un cenobio.

    Y sobre el tapete, los cambios de un administrador de egos ante el tsunami que se lleva por delante el diván: Jesé (Yesé para los que están en el ajo), Illarramendi (un “dantzari” del cuero) y Chicharito (¿en qué se parecen los chícharos a los pelos…? Etcétera).



FELIZ CUMPLEAÑOS
    El desastre del Manzanares (“yo no envié mis barcos a luchar contra los lamentos”) precedió a la fiesta de cumpleaños (¡treinta!) de Cristiano, que se pasó el partido con el típico fastidio de quien tiene la cabeza puesta, no en meter goles, sino en combinar el número de medias noches de jamón con el número de invitados a la fiesta (con Chendo, pero fiesta), de la que nadie, por cierto, vio salir fumando a Coentrao. Tampoco el entrenador, que sabe más que nosotros de egos, suspendió el lunes de descanso para la plantilla, y ya se supone que descanso del cumpleaños, no del partido. Si al final el Barcelona de Luis Enrique ganara la Liga (no creo que suceda, pues se trata, con diferencia, del peor Barcelona de la historia de Messi), el piperío sacará a colación estas cosas.