martes, 16 de octubre de 2012

La Internacional

María Corral

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    María Corral fue la dama del arte del felipismo e iba por el mundo “de internacional”.
    
¡Cuidado, que viene la Internacional! –se codeaba el personal en Arco al verla llegar.

    Ahora viene el señor Mas, que tiene de la historia la misma idea que el tiquitaco Xavi Hernández, y amenaza con internacionalizar lo suyo, que es hacer de Cataluña un extranjero para pobres, y ya sólo falta que Cola-Cao publicite el salto al vacío de Mas como Red Bull ha publicitado el de Baumgartner.
    
De entrada, internacionalizar lo de Cataluña significa más embajadas, más viajes y más cosas, pero los “masitos” insisten en que lo suyo no es por dinero, que es por amor.
    
Aunque parezca lo contrario –decía ya Cambó–, ningún pueblo es tan sentimental como el de Cataluña: nunca, nunca ha reaccionado por otros motivos que los sentimentales.
    
Pero Cañabate llevaba razón, y en Madrid hablamos de mujeres por lo que leemos en los libros: un repaso al “Coños” de Prada, un vistazo al “Tetas grandes, amplias caderas” del chino Mo Yan... Mas con eso, y nuestra bien acreditada maña cubista para los puzles, no veo en Cataluña a una Eloísa: ni a la novia de Abelardo que nos vendía Cambó ni a la del almendro de Jardiel que nos vende el señor Mas.
    
¿Internacional la quiere el señor Mas?

    Uno buscaría a alguien con la cara (internacional) de María Corral y un espíritu mitad sor Lucía, la monja argentina que lucha por una independencia catalana “sin paliativos”, mitad sor Teresa, la monja monserratina que explica esa independencia con el misterio de la Trinidad.
    
Y me estanco en una mujer fatal: aquella Marie Vogel de Ruano, que se arrojó por la ventana, cayendo exactamente encima de su marido, de quien quería independizarse, que pasaba por la acera.