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martes, 30 de octubre de 2012

Amigos

Xavillas

Francisco Javier Gómez Izquierdo

Un señor que da clase en la Universidad de Madrid y que se tiene por muy progre y solidario dice por la cadena cuatro que no hace caso de las faltas de ortografía de sus alumnos, por tan múltiples y variadas, y que no le preocupa que los universitarios escriban mal las palabras. Otro charlapuñaos de mi pueblo se atreve a pontificar y no se avergüenza al asegurar que la juventud española está muy bien educada, y hasta lleg a interpretar que el paisano insinúa que el título de la ESO habría de concederse  sin exámenes, para no traumar a los alumnos torpes.

     Con estos parámetros que gastan los sabios de hogaño, uno no sabe para dónde mirar y así se explica que lo que aprendimos como discreta virtud sea hoy objeto de premios con muchas ventanas a la calle. Que Xavi y Casillas sean buenos amigos es cosa que debía quedar entre ellos y parecernos bien a los que nos llegarán noticias de su buena convivencia, pero que los del Premio Príncipe de Asturias se entretenga en chismes de vecindad no cabe entre individuos que merendamos a los 50 años con los mismos que merendábamos a los 16.

     Que Xavi y Casillas -más Xavi que Casillas- tengan el reconocimiento del Mundo del Fútbol en general y que por sus extraordinarios triunfos deportivos fueran homenajeados hasta en la aldea más escondida, ha de enorgullecernos. El Cervantes premió un año a la Selección y es cosa que pareció bien, pero esta rebusca calderoniana de “el bueno para enemigo será para amigo bueno” empalaga en demasía a los que al parecer fuimos mal educados en el bachiller franquista.
     
Considero a Xavi el mejor jugador que ha dado el fútbol español. Posiblemente el reggista más influyente de la historia en un equipo, ya sea el Barça o la selección española, y pocos aficionados habrá que se hayan alegrado tanto de su contribución a los éxitos internacionales como un servidor. A la gente azulgrana y a periodistas deportivos de mucho prestigio les sobraba a mediados de la década del 2000 en el Barça, hasta el punto de que Rijkaard intentó buscarle una salida...  pero entonces llegó Luis Aragonés y le nombró Capitán General de la selección:
    
-Sí, sí, sí... Xavi, el bajito... fíjese que el tío no pierde ni un balón.

   Está bien reconocer el talento del pelotero Xavi y la categoría de Casillas en una portería, pero no está bien maleducar al personal premiando lo intrascendente. Si dan buen ejemplo a los niños actúan como deben, pero lo que ambos hacen excelentemente es jugar al fútbol -más Xavi que Casillas- y que sean amigos ni nos va, ni nos viene.
      
Al Príncipe de Asturias lo desprestigian las nefastas cavilaciones de un jurado loco por inventar el Nobel al deporte y al que amenaza tanto graciosillo loco por sacar chistes de la Monarquía a la menor ocasión. Vean si no al Excelentísimo presidente del Córdoba CF, posando como secuestrado por talibanes en lo que parece cuarto de oficina de almacén de licores antiguo, intentando coleguear con Su Majestad. Nos creíamos a salvo del bochorno de Sandokán, y de repente esto. El hombre se llama Carlos González y ahora mismo está explicando en la radio que su intención es amable y su ánimo aspira a llegar al corazón del cordobesismo como un verdadero amigo. No entiende tanto alboroto y justifica su supuesta torpeza a que ni tiene muchos estudios ni ninguna mala intención.

      Ya ven... otro amigo no buscado que aspira alternar con la nobleza.