Follow by Email

sábado, 24 de mayo de 2014

Al toro

La entrada de Jorge Bustos Táuler


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Que vivas en un tiempo interesante, dice una antigua maldición china.

    Y lo más interesante que hoy nos trae el tiempo es esa final de Lisboa que refuta lo que Alcántara escribió, allá por la primavera del 70, del Urtain-Weinland en el abarrotado Palacio de los Deportes de Madrid:

    –Estamos viendo un dramático combate de boxeo. Quiero decir, uno de esos espectáculos rezagados que les será imposible ver, porque no los habrá, a nuestros nietos.
    
No en el boxeo. (Y tampoco en los toros.) Pero, al menos en el fútbol, este Ancelotti-Simeone puede ser un espectáculo muy parecido a aquel Urtain-Weinland.

    La pegada soberana de Ancelotti y la resistencia legionaria (el éxito es cuestión de aguante) de Simeone.

    –¡Al toro, que es una mona! –gritaba a sus legionarios, herido en el terraplén, Millán Astray, en la toma de las Tetas de Nador.

    Para los madridistas puede ser el Día de la Décima, que suena a Álex de la Iglesia.
   
Mas para los atléticos puede ser el Día de la Primera, que suena a Comunión.

    Primera o Décima, será la Copa creada en París por don Santiago Bernabéu (contra la opinión de la Federación Española del atlético Juan Touzón).
    
Me gusta este guerracivilismo madrileño que escapa a la perorata de Carl Schmitt, filósofo de la guerra civil universal.

    En provincias te hacen preguntas de la guerra civil:

    –¿Es verdad que han tapado a Neptuno y la Cibeles?
   
 Al fútbol, que se juega con los pies, debemos hoy los españoles nuestro último sentido de hispanidad, eso que nos hace sentirnos españolados alrededor de un balón en suelo extranjero y con árbitro europeo.

    Y a las once de la noche no habrá dos lugares más distintos en el mundo que el vestuario del vencedor y el vestuario del vencido: “En el de Wajima –escribió Alcántara en aquel Tokyo de mayo del 76– se habla de muerte y en el de Durán entra ahora un gigantesco trofeo dorado con un lazo rojo, lleno de púgiles y de águilas”.

    –Yo os juro que si Wajima muere, será ésta mi última crónica de boxeo.