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lunes, 29 de abril de 2019

Ocho de once

La Aguilera, Burgos


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Los culés ganan la Liga, pero los piperos están contentos porque Zidane les va a conseguir a Pogba para que haga de reactor de Lucas Vázquez, con Isco de I=mc, donde “m” es la masa de aire, y “c”, la velocidad de expulsión. Con este sistema, el sistema Zidane, ¿qué falta hace Mbappé?
    
La Liga que han ganado los culés es “la ocho de once”, que suena a la limpia que debía hacer Zidane en el Madrid que padecemos, aunque no será así. Con Ramos de director deportivo, como en otros tiempos Raúl (que nos privó de Eto’o) o Hierro, seguirán los mismos que juegan como si el club les debiera ocho nóminas, con lo cual en octubre se habrá escapado el Barcelona, y en diciembre descubrirán la escapada los piperos, que pitarán un poco al palco, y Zidane se irá, siempre aconsejado por el Visitante Misterioso, para volver en marzo, ya que, como gran administrador de egos que es, se ha revelado como el entrenador ideal para gestionar las pretemporadas y las postemporadas (ese hallazgo de Hughes), dejando las temporadas propiamente dichas (esa cosa de pobres que es la Liga) para los Lopeteguis y los Solaris, que deberán hacerse cargo de un vestuario machiruleado por Ramos y Pogba, más el detalle de Hazard, en quien el Madrid invertiría un Congo (“The Sun” habla de un sueldo anual de veinticuatro millones netos) para cortarle el rollo a Vinicius.
    
Visto en los periódicos extranjeros, el Madrid parece un multimillonario chino de tiendas por la Milla de Oro, donde todos los diamantes, o lo que lo parecen, le son ofrecidos. El dinero, pues, no será disculpa en octubre, cuando se cuelgue en la puerta del Bernabéu el cartel de “Cerrado por vacaciones ligueras hasta marzo”. Deberán buscarse otra, y Zidane carece de la imaginación ultraísta de Marcelino García Toral, el entrenador que ha justificado una mala racha con un argumento maravilloso:
    
Llevamos diez partidos a las 16,15 y el balón por la noche va más rápido.
    
Como greguería compite de tú a tú con la de aquel canterano del Barça que en Pamplona justificó una derrota con el cuento de que “en la segunda parte, el césped estaba muy alto”.

    Césped que crece en la segunda parte y balón que acelera de noche son los últimos descubrimientos del fútbol cuántico que aspira a jugar el Madrid de Pogba, que representa el fútbol-greguería.
    
No me creo ni una sola palabra de lo que dice este hombre. No hay un significado detrás de lo que dice y ni siquiera él se cree lo que dice –fue el comentario de Roy Keane cuando oyó a Pogba pedir un cambio de mentalidad en el United, donde cambian de mentalidad cada tres días.
    
Keane, un irlandés que conserva su cara de cobrador de recibos para sir Ferguson, dejó para los piperos un retrato de Pogba que ayudará a entender el nuevo Madrid de Zidane:
    
Se trata de ser buen compañero –resume el viejo centrocampista de Cork–. Si vas a ser buen compañero, tienes que volver corriendo cuando hay que defender. Pogba es un chico con talento, pero esto lo llevamos diciendo mucho tiempo. Ya son muchos los partidos que no trota ni corre. Habla del lenguaje corporal y se pasa el partido levantando los brazos. Es un gran problema para el United.
    
Pogba podría ser el Chigrinski de la Castellana, y me muero de ganas de ver estacionado su Rolls con la pitón al volante en la puerta del “Txistu”, como los dejan en Londres, dando de cenar y conversación a la prensa amiga.
    
La mayor alegría pipera por la vuelta de Zidane era que se traía a Mbappé bajo el brazo, como quien lleva una boba del Tío Conejo (“Si quieres llegar a viejo, come bobas del Tío Conejo”). Pero la ilusión de Mbappé estalló como una bomba de fragmentación, cuyos fragmentos fueran Pogba, Lucas Vázquez e Isco, ese bucle melancólico que Unay Émery no quiso por gordito. Mbappé se queda en París y Zidane se resetea de tal manera que ya admite que su primer objetivo para el año que viene es… la Liga.
    
La Champions dará el prestigio, pero la vida la da la Liga. Y la verdad es que, sobre un año perdido, tampoco me hubiera importado, como espectador, perder otro destinado a rodar un equipo a las órdenes de Erik ten Hag, con De Ligt y De Jong, más Brahim, Rodrygo y Vinicius.



GUARDIOLA Y ALLEGRI

    Guardiola dijo preferir la Premier a la Champions y pidieron una opinión a Mourinho, que respondió que el entrenador que gana la Liga dice preferir la Liga, el que gana la Champions dice preferir la Champions, y el que no gana nada, dice que ganar no es lo importante. Eso es todo. Entonces surgió el rumor periodístico según el cual la Juventus pretende a Guardiola para ganar la Champions, que pasa, según esa escuela filosófica, por jugar bien al fútbol. Este chisme ha sacado de quicio a Allegri, que ha hecho públicas sus razones: “Jugar bien al fútbol es muy sencillo, pero entre jugar bien y ganar hay una diferencia que no es sutil. Si quiero jugar bien, no hay problema: pongo dos laterales que son extremos, mediocampistas de calidad, pero al final llego segundo, tercero, cuarto...”, espetó a un comentarista que le discutía, pues en Italia, según Allegri, todo el mundo se ha hecho teórico: “Éste es el problema”. Ante los recalcitrantes, Allegri exhibe la autoridad de ser “el entrenador que ganó seis ‘scudetti’, así que te callas”. Que es la autoridad de las tres Champions que precede a Zidane.