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lunes, 8 de abril de 2019

Casting y Segunda Venida

Los tacos de Bogart para estar a la altura de Ingrid Bergman en el casting de Casablanca



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    La felicidad del antimadridismo con la Segunda Venida de Zidane se explica con partidos como el del sábado en el Bernabéu contra el Éibar, el equipo que prohíbe dos cosas muy importantes: una, para sus futbolistas, tirar el balón fuera para atender a un compañero echado como mula vieja en el césped; y la otra,  para sus aficionados, comer pipas en su estadio.

Cartel en Ipurua

    El Éibar salió al Bernabéu sin Pedro León (Mourinho quería a Bale y Ribery y le trajeron a Callejón y Pedro León, “que no es Zidane”), y sin Pedro León le pegó un baño al Madrid de Zidane que ni el Dinamo de Lobanovski, con Cucurella corriendo la banda de Oleg Blojín.
    
Si le quitáramos la propaganda, con este Madrid comienza a suceder lo que, al decir de Valle-Inclán, sucedería con los Quintero, si se los tradujera al castellano: que no queda nada.
    
Por la propaganda sabemos que el Madrid mandó la temporada al guano a fin de montar un casting para renovar la plantilla y volver a hacer otro equipo de leyenda. No sonaba del todo mal. Ya que se quema la casa, calentémonos con ella. La estrategia del club consistía en contratar Jóvenes Promesas, pimpollos que estallarían en la primavera de la Castellana. Con todo perdido y diez partidos por delante, ¿qué mejor oportunidad para hacer un casting de jóvenes y comprobar cuántos se pueden quedar? Solari lo hizo, pero sólo a medias. Zidane, sin embargo, nos ha devuelto a la Gestión de Egos. “Es que estos egos han ganado mucho”. Es la misma razón que nos daba un churrero cuando nos quejamos del aceite quemado: “Con este aceite he freído muchos churros”. De ese aceite como de coche nos dieron ante el Éibar una merienda a base de churro, porra y gofre. Zidane ha vuelto con su mística y nos tiene en mitad de eso que los místicos llaman “la noche oscura”. Su sistema es el no-sistema, y como cabeza de ese no-sistema piensa, al parecer, en Pogba, cuya cabeza, al decir de Mourinho, es de esas cabezas de baturro que no se pueden desmontar. ¿Quién no quiere ver a Pogba llegando al Bernabéu en Rolls Royce, como Cela por la Alcarria, abriendo paso al autobús del equipo?

    El modelo de Pogba es el Barça de Messi. “Leo te hace amar el fútbol”. Pogba está en la línea neovaticanista, ya que el Papa argentino, que tiene cosas de simple capellán cubano, se sienta a la mesa con los mugrillas para discutir si Messi es Dios, que hasta aquí llegó la teología socialdemócrata de la globalización montada en el principio de incertidumbre, base del relativismo.
    
¿Qué piensa Dios de usted? –preguntaron a Mourinho cuando llegó a Madrid de Milán, donde ya había dejado sentada su fenomenología del espíritu: “Si ni siquiera Jesucristo caía bien a todo el mundo, imagínate yo…”
    
Que soy un tipo cojonudo –contestó el portugués–. Si tengo todo lo que tengo, es que debe de pensar que soy un tipo cojonudo.
    
Pero lo más parecido a Messi que Pogba se va a encontrar en el Madrid que alinea Zidane es Lucas Vázquez, porque Vinicius está en la enfermería y a Brahim nadie lo pone a jugar. Hablan, y no paran, de Hazard, que llegaría a Madrid con 29 años más todos los regates vistos y todos los goles por ver, además de no ser muy de defender, y lo admite. De hecho, echó a Mourinho del Chelsea porque no le gustaba que le recordaran la obligación de echarle una mano en la banda al pobre Azpilicueta. Por ese lado, se llevaría de vicio con Marcelo, que tampoco es un loco de la defensa. Con Lucas Vázquez de intocable en la banda derecha, en el sector madridista que ocuparía Hazard están Bale, Vinicius, Asensio, Isco, Ceballos, Marcelo (¡por supuesto!) y no sé si Cristo, que era como el lirio cortado de Neruda con el que en algunos partidos Solari se proponía asustar a un notario.
    
El casting de Zidane en su Segunda Venida se reduce, pues, al desempeño en la portería de Kéylor, que con Zidane empieza a ocupar un cargo más que un puesto, y a la refutación general de la eutanasia con la alineación constante, más allá de la muerte (allí creíamos encontrarnos el sábado, durante el descanso del partido con el Éibar), de los veteranos del vestuario, agrupados en torno de Benzema, que es el Futuro. ¡O la Eternidad!
    
¡Es nuestro nueve, Karin es nuestro nueve! –cantaron los kikos de la peña La Guyana el sábado.

    Y lo van a tener.


Expulsión del Paraíso
Masaccio

ORGULLO SIMEONÉS

    Antes del partido, Simeone se mostró orgulloso de que el Barcelona tenga al Atlético, desde hace algunos años, por único rival en la Liga, competición que el Madrid ni disputa. Durante el partido, y precisamente por ser su rival, el Atlético se quedó con diez, como siempre. “No son quejas”, aclaró Simeone, “es la realidad”. O sea, el sistema. Para luchar contra ese sistema el Madrid contrató una vez a Mourinho, que se fue a la guerra tan pichi hasta que se dio vuelta y no había nadie. ¿Qué es el sistema y dónde se encuentra? Se encuentra en Barcelona y es eso que le pasó a Mendoza cuando se enfrentó a él: estaba en el palco del Nou Camp, cuenta en sus memorias, y alguien le tiró una patada, pero él se apartó y la patada fue a parar a la espinilla de Polanco, que lo acompañaba. Víctima del orgullo “simeonés”, Cerezo no oculta la alegría que le daría ver al Barcelona levantar la Champions en el Wanda.