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sábado, 8 de julio de 2017

El pelotón

El 155

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Donald Trump llama en Polonia a la defensa del Occidente, pero, ausente Inglaterra, no creo que entre todos los europeos junte para el pelotón spengleriano que haría falta, y si no, miren a España, ahora… ¡locomotora!, se nos dice, de la Europa que, como mostró Gustavo Bueno, se levantó contra ella.
En el campanario batueco el pelotón spengleriano no da ni para aplicar el 155, artículo que jurídicamente constituye una rueda de hámster que no lleva a ninguna parte, y todos lo saben. Si lo aplicamos hoy y mañana no pasa nada, entonces ¿qué? Incluso Rajoy, Sánchez y Rivera, tres legos en ciencia política, se hacen esa pregunta, y, por tanto, nunca lo aplicarán.

El 155 es el vozarrón del esclavo de la lámpara maravillosa que siempre asusta a la dulce madre de Aladino, que es el votante incapaz de entender los mecanismos de un régimen de Consenso, resumido, sin saberlo, por Lorenzo, entrenador del Atleti:

Entre bomberos no vamos a pisarnos la manguera.
Que los gongorinos patos del aguachirle castellana nos den el tabarrón del 155 forma parte del cuento de la buena pipa en que se ha convertido la industria del separatismo en España: catalanes y vascos son los ricos del pueblo, y catalanismo y vasquismo son sus formas políticas de decir a los demás españoles que, en lo que de ellos dependa, por nada del mundo compartirán una mesa, una novia o un euro. ¡Ruritania para los ruritanos! Y así vamos a estar hasta que San Juan baje el dedo, esperando al Último Recurso, que es como los patos llaman ya al 155, del que habla Mariano como Rafael el Gallo hablaba de Rusia:
No conozco Rusia. Estuve a punto de ir una tarde, hallándome en París.
Y Mariano es Sánchez y es Rivera, y fue Aznar y fue González, ése a quien en el funeral del pobre Kohl le dejaron marcarse un Goethe de “bodeguiya”:
–Su deseo fue construir una Alemania europea para que nunca más hubiera una Europa alemana.
Si dices “Edelmira”, decía Ramón, también te quedas un rato sin ver nada.