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lunes, 19 de diciembre de 2016

Suerte entre las flores

Asurbanipal

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

En la batalla de las flores, que eso fue la final del Mundialito en Japón, la flor de loto terminó amustiándose ante la de Zidane, que es la flor de flores, una flor que ni la de la canela de Chabuca Granda: “Jazmines en el pelo y rosas en la cara, / airosa caminaba la flor de la canela…” 

Y el Madrid, otra vez campeón del Mundo.

O, en frase de Santayana, otra vez “dulce, justo e infantil amo del mundo”.
Sin plan, sin orden, sin juego: únicamente con la fe en que la victoria caerá del cielo.
Del triste Azaña se dice que, cuando se le auguró que habría de llevar a España al caos, respondió, chulazo, que le gustaría ver el caos, para saber qué era.

El caos (¡divino caos!) es el Madrid de Zidane, que fascina por caótico.

Este caos zidanesco es aquella fuerza creadora que atraía a Bakunin, que, como este Madrid, acostumbraba fumar cigarros sentado en un barril de pólvora para poner de los nervios a sus visitantes. Marx detesta el caos por amor al orden como Bakunin detesta el comunismo por amor a la libertad.

El caso es que Televisión Española, que es una TV de Estado, contrató el caos madridista para amenizar los sesenta años de su inauguración por Franco en el Paseo de la Habana, casi cuando a La Habana llegaba Castro, desusadamente honrado como Cadáver en Jefe por la actual dirección derechosita del Ente.

El “Marca”, periódico de cabecera de Rajoy, a veces tiene golpes, como ése de “Goliver y Benzi”. Televisión Española, televisión de cabecera del marianismo, no. Sus tertulianos de Estado son Manolo Sanchís y Roberto Gómez, que nada tiene que ver con el Gómez Carrillo de “El Japón heroico y galante”. Sabes de los japoneses lo que hayas visto en el peliculón de Mel Gibson, “Hasta el último hombre”, y supones que, si los japoneses han conseguido tocar la guitarra flamenca como Moraíto Chico, también sabrán jugar al fútbol como Sergio Ramos.

El Kashima parecía un Osasuna japonés. Su mejor atacante se llamaba Mu, que no dijo nada. Mas, aun sin decir nada, me produce melancolía ver a los japoneses vestidos de futbolistas, como una sociedad cualquiera, y no sé si el general MacArthur calculó estas consecuencias cuando decidió montar el caballo del emperador.
El TVE preocupaba mucho “la posesión”, concepto del cine porno, donde tiene su importancia, y más ahora que la Onu constata oficialmente la existencia de ciento doce sexos.
El Madrid poseía, y poseía, pero no hacía goles, y al entrenador japonés se le quedaba una mirada de María Soraya, con ojos de deslumbrado porque le van dando las largas. El partido se alargaba como el rollo de “Los siete samuráis”, mientras Sanchís disertaba como un griego sobre “el devenir” y el realizador enfocaba a un aficionado español con tricornio que braceaba en la grada: quizá, un superviviente de aquellas maniobras navales en el Japón, en cuyo banquete de despedida, a la hora de los brindis, el almirante español, copa en alto, a falta de letra nuestra “Marcha Real”, arremetió con el “Corazón Santo / Tú reinarás”, seguido por sus hombres.

El Balón de Oro ha estrellado la pelota en la tripa de un japonés –comentaba el locutor.
Por un momento los japoneses se pusieron un gol por delante, y entonces al realizador le dio por enfocar al hombre providencial, Sergio Ramos, con su barba a lo Asurbanipal, como Miguel Ángel Rodríguez. No hizo falta. El resto es historia. O sea, suerte entre las flores.

Moraíto Chico

EL SISTEMA VAR

A falta de sistema en el Madrid, los tertulianos hablan en Japón del sistema VAR (Video Assistant Referee), contra el que se manifiesta el mayor intelectual que ahora tiene el fútbol, Iturralde, que cree que el sistema atenta contra el dinamismo del fútbol. Mas como avisó Russell al explicar a Einstein, en cuyo universo la pereza es la ley fundamental, la palabra “dinámico” viene a significar, en lenguaje periodístico, “enérgico y vigoroso”, cuando debería aplicarse a los habitantes de los climas cálidos que están tumbados bajo los plátanos esperando a que el fruto caiga hasta la boca. “Espero –escribe Russell– que los periodistas del futuro, al hablar de dinamismo, querrán indicar el menor esfuerzo en un momento dado. Si puedo contribuir a este resultado, no habré escrito en vano”. El sistema VAR es, pues, einsteniano.

Bakunin