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viernes, 30 de diciembre de 2016

Bananas



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El gamberrismo municipal que padecemos en Madrid lo resumió Woody Allen en 1971 con “Bananas”, donde salía el líder comunista Vargas decretando que, a partir de hoy, la ropa interior se llevará por fuera, “para que veamos que se lleva”.

En Madrid, de Vargas hace Carmena, que antes fue jueza, que da ya una idea del estado de la jurisprudencia en España, donde cualquier disparate tiene asiento, que en esto consiste la actual cultura hegemónica.

En Gramsci, autor de juventud de Carmena, que debía de leerlo en los ratos muertos de los juicios, todo gobierno es dictadura más hegemonía cultural: la pega viene cuando uno no pertenece a esa cultura hegemónica, pues entonces el sentimiento de dictadura se hace invivible.

Si unimos la posmoderna cultura hegemónica del disparate a la tradicional cultura española del administrativismo (¡todo el derecho administrativo es dictatorial!) nos sale Carmena salivando al acariciar los botones que mueven el tráfico de automóviles en la M-30 como salivaba Fidel al acariciar los botones que movían en Cuba los misiles de Jruschov.

Fidel fue un muñeco diabólico, el Chucky, que amenizó la Guerra Fría, y Carmena es una muñeca, la Mariquita Pérez (“la muñeca que se viste como una niña”), que ameniza el marianismo, que es la guerra fría (“o yo o el caos”) por otros medios. Mientras leemos matrículas pares y nones (el concejal de los euros, Sánchez Mato, cuenta con asesores que le hacen ver la diferencia), no preguntamos por la subida de impuestos o por el seguidismo de Mariano al orate de la Casa Blanca en su venganza contra Israel.

La base social de Carmena es el tontimalo, criatura ni fu ni fa, pero la más abundante en el hogar socialdemócrata. Vive mal, cosa que nunca cambiará, y su única ilusión es pensar que las gamberradas políticas de Carmena amargan el día a quienes acostumbran vivir bien.
Si el espíritu del tontimalo impregna una sociedad, es normal que sus autos circulen por matrícula par o impar.