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miércoles, 7 de diciembre de 2016

El PISA andaluz

 Encargadas de la Educación en Andalucía I

 Profesor sin alumnos. Gracias a Dios.

Encargadas de la Educación en Andalucía II

Francisco Javier Gómez Izquierdo

      Ha sentado muy mal el tremendo “cate” del PISA a los alumnos andaluces. Sobre todo a la encargada del virreinato. Más que por el suspenso en sí, por notar  reacción y vergüenza en otras regiones mientras por aquí abajo se persiste en la uniforme trayectoria de todos estos años nefastos para la formación de los tiernos infantes. La nueva Consejera de Educación ha roto la tradición Juntera y ya no es maestra como sus inclasificables predecesores, o profesora de EGB, como se dice ahora. Doña Adelaida de la Calle es Bióloga, como Ana Obregón, pero eso sí, por la Complutense, cuyos doctores y licenciados nos parecen tan sospechosos como salir de “abogao por Graná”.

      No crean ustedes que en el informe PISA se pregunta por los cabos y golfos de España o la lista de los reyes godos, esa cosa tan fascista. A mi chico, que lo hizo en 3º de la ESO, le preguntaron por tres cereales y una de su clase contestó que Kellogs, PMI y que no le salía el tercero; por tres peces de río y tres de mar y hubo quien puso las variedades de tapas de boquerón: en vinagre, fritos y chanquetes. Qué numero es el siguiente en la serie 12, 24, 36, 48... Son mocetes de 15 años los que han de saber cuestiones tan enjundiosas, pero la bióloga y ministra de los asuntos educativos andaluces dice que los de PISA han venido a Andalucía a preguntar en los colegios de los pobres. Ella dice niveles socio ecónomicos o algo parecido para hacerse la culta, pero yo, a pesar de no tener estudios universitarios, pero sí bachiller por Castilla la Vieja, la he entendido a la primera. ¿Los colegios de los pobres? ¿Qué nos quiere decir con lo de pobres la señora bióloga?

     Cuando yo tenía 15 años, a la edad que mi tierno infante respondió el cuestionario PISA, era de dominio público que los pobres sacábamos mejores notas que los ricos porque sólo así podríamos superarles en, pongamos, una oposición. Para acceder a una beca había que sacar por lo menos un notable, imposible de alcanzar con dos faltas graves de ortografía, de las de v por b, o cuatro acentos mal colocados o sin colocar. No es preciso que siga contando batallitas, pero hoy pasan a un muchacho la ESO porque el pobrecito, según cuenta la madre, no supera el divorcio de sus padres; las faltas de ortografía no son tan importantes como un ejercicio bien coloreado y ¿qué son cuatro suspensos para denegar una beca con lo bien que le viene al niño el dinero para comprarse la moto?
     ¿Quién es un servidor para pedir reválidas que demuestren la preparación de los alumnos a los que sufragamos los estudios? ¿Qué país serio, de Europa, prescinde de exámenes externos para saber lo que sabe su juventud? ¿Cómo se puede seguir manteniendo tanta mentira y tan poco interés en la educación de los niños y adolescentes andaluces? ¿Tendrá algo que ver con el contumaz desastre, señora consejera, que por ejemplo doña Teresa Rodríguez, que en teoría aprobó en el sistema andaluz para profesora de literatura, enseñe que un tal Bódalo, delincuente matón y blasfemador es tan poeta como Miguel Hernández? ¿Y qué decir de la pareja de la profesora, el tal Kichi, que al sacar plaza por Almería, es posible que hasta sea “historiador”, empezó con dos años de baja por depresión y aún está por aprender dónde queda “su” colegio porque se metió en el USTEA y se hizo liberado sindical? En Andalucía, señora consejera, gente así llega hasta a ser alcalde. Su presidenta, sin ir más lejos, aprobó hace uno o dos años la carrera de Derecho y mire a ver quién tiene narices de toserle.

¿Estudiar? “¡P’a qué!”