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jueves, 8 de diciembre de 2016

Hacienda y el fútbol

El primer Gran Capitán al que le echaron las cuentas

Francisco Javier Gómez Izquierdo

      Así como los “dopin” hirieron de muerte al ciclismo, es posible que los millones de euros pudran del todo al “fúrbo” que diría el presidente del asunto en España.  No sorprenden, a mí al menos, las revelaciones de estos días sobre las artimañas defraudadoras de las estrellas porque es cosa sabida, ¿oh no?, que los ricos no pagan los impuestos que les corresponden. La galaxia del fútbol es la que anda en cuestión estos días, pero eche usted de comer aparte a toda esa constelación de paridores de películas subvencionadas ó cantantes del rebaño guay contratados por los municipios, de los que en Andalucía, un poner, las agrupaciones del Carnaval de Cádiz darían para una lección magistral de como éstos años atrás se suprimían de común acuerdo los incómodos papeleos. ¿Recuerdan ustedes aquella élite raquetera que cobraba las becas ADO en Andorra?
 
      Pagar impuestos no gusta a nadie, excepto a ciertos jóvenes eternos que cumplen trienios llevándoselo crudo de los presupuestos, y cuya única tarea conocida es proclamar orgullosos por las teles el tanto por ciento con el que contribuyen para “sanidad y educación”. El hecho de que no guste pagar impuestos no significa que debamos demonizarlos, pero como quiera que el ministro Montoro parece aquel Fagín del Oliver Twist, todo el día vigilando en cómo te gastas los euros, te asaltan ganas tremendas de jugársela, pero como uno tiene nómina de funcionario antiguo sabe que intentar escaquear unos céntimos en la declaración es del género tonto y además miserable por lo que cuando me llega el sosiego, acato de buen grado la necesidad de mi derrama.

      Al parecer, lo que los futbolistas cobran de sus clubes está más o menos  fiscalizado. El dolo ó culpa, que dice la gente de leyes, viene de fuera. De lo que pagan a Cristiano por anunciar televisores chinos o a Messi por salir al volante de todo terrenos japoneses. Sin aparcar el escepticismo que me produce la legitimidad de Hacienda para reclamar a un individuo extranjero sus tratos con un empresario chino o japonés que se reúne en terreno favorable a las dos partes para poner en valor su talento, estoy convencido que lo justo, por rico, es que parte de esas extraordinarias cantidades de dinero lleguen al tesoro del país en el que generalmente ejerce la actividad  por la que es irracionalmente recompensado.
 
      El embrollo de los derechos de imagen nunca los he entendido y cada vez se me hacen más incompresibles, pues cuando esta figuras, Cristiano, Bale, Neymar, Messi..., fichan por sus clubes, en el As y el Marca pone que no se cuanto tanto por ciento de los derechos del jugador pasan a ser propiedad del club y que si pitos por aquí y flautas por allá el montante asciende a tantos millones. Cantidades tan irreales como incompresibles para un servidor, de las que no suelo hacer caso ni memoria. Ahora resulta que hay mucho mas dinero rulando del que se sospecha y que a pesar de que un futbolista llegue a tributar mas de veinte millones anuales, el vulgo tiene derecho a llamarle “ladrón” y, lo que es peor, abandonarle a su suerte.