domingo, 18 de diciembre de 2016

Mundialitos

Cuando en Cádiz se veía el mejor fútbol del mundo

Francisco Javier Gómez Izquierdo

    El Mundialito gusta a los clubes europeos porque resulta ser una Lotería que toca siempre. No seécuanto millones se traen del Japón, pero es un viaje que antes de Navidad, el Madrid, el Barça, el Bayern... hacen al Oriente  con la seguridad de volver con un buen botín. Este año el Real Madrid se lo jugaba contra el Kashima, un equipo de casa y no contra el campeón sudamericano, que suele ser lo corriente. Del Kashima no sabemos casi nada, excepto el entrenador La Volpe, que sabe todo de todos los equipos de fútbol del mundo. La hemeroteca nos recuerda que Zico, el Di Stéfano japonés, jugó allí y que su espíritu es indomable.

     El Mundialito magnifica siempre a los participantes  y del representante asiático se destaca año tras año su espíritu luchador, su coraje, su entrega y siempre se acaba con un “jugadores no exentos de técnica”. Hace dos horas, la socorrida presentación de los especialistas deportivos se ha hecho verdad ante el Real Madrid, al que once “esforzados” nipones  han tenido de manera incomprensible contra las cuerdas. El Campeón de Europa, como en toda la era Zidane, ha conseguido mantenerse en pie hasta el minuto 90, pero ya se sabe que a partir de ahí, tontería es pelear contra el Madrid. La Fortuna se pone de su parte y esculpe resultados de cada batalla ganada en las columnas de un arco triunfal en el que permanecerán eternamente títulos y fechas para ilustración de generaciones.
      
Al partido lo ha dado emoción Shibasaki, el número 10, al que en dos o tres ocasiones no le han pasado el balón sus compañeros, impidiendo una sorpresa monumental, pero hemos de reconocer que a pesar del 1-2 a favor de los japoneses teníamos la sensación de que al final se impondría el Real Madrid. Lo decía mi chico, que es del Cádiz, “al final, gana el Madrid” atento a ese artefacto al que llamáis tableta mientras apuntaba excitadísimo los días de las preliminares del Falla. ¡Madre mía, queé obsesión con el Carnaval! Cuando Cristiano empató salió la chirigota de Burgos -¡Sí, para el año que viene concursa una chirigota de Burgos en el Falla!- y la colocaron para el lunes 30 de enero. Mi chico, en la prórroga echaba cuentas y, con todo aprobado el 20 de enero, me propuso ir a ver a los de Burgos, que coinciden con la comparsa de Bienvenido -la del Kichi- y el coro de la hija de Julio Pardo. Otro día quiere ver a Martínez Ares y si es posible a Juan Carlos. Es el Mundialito anual de mi chico en el que se tiene que conformar con un día menor de preliminares y si hay mucha suerte con otra noche de cuartos. Para los esforzados de fuera de Cádiz, si no hay enchufe, no hay entradas. Dos goles enchufó Cristiano en la prórroga para convertirse en el héroe de un partido que para él empezó en el minuto 91.

      Al Córdoba lo escuché ayer por el carrusel del Canal Sur. El comentarista no acertó con los autores de ninguno de los tres goles y por supuesto mucho menos de los que cortaban, centraban y remataban, por lo que vuelvo a la versión de mi chico que me dice que jugamos serios, que el Oviedo regulero, que ni siquiera Susaeta al que desde el Alcorconazo siempre he pretendido para el Córdoba y si ha de salvar algún ovetense se inclina por Nando, el corredor diestro que no sabemos por qué esta temporada no ha seguido con nosotros. El míster, esta vez ni siquiera se ha llevado a Alfaro y a Juli lo ha mantenido todo el partido. Javi Galán, el chiquito del B, y del que seguiremos hablando, sudó hasta la extenuación y además se estrenó con un gol. Bien, tendremos las fiestas en paz, aunque con el amo del Córdoba nunca se sabe. El martes  se tiene intención de eliminar al Málaga de la Copa. El particular Mundialito del amo del Córdoba.