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jueves, 26 de mayo de 2016

Decimoctava de mi Feria. Dos López y un Perera vs. los Vellosino. ¡Ahí es ná! (Pero hasta en el destoreo hay clases)

 Sí hay localidades

José Ramón Márquez

Con qué ilusión compramos la entrada para el festejo número 28 de la temporada madrileña. Que ilusión saber que teníamos la entrada para la tarde de los Jandilla, para la merendilla de los Jandilla

Ni aunque nos hubiesen dicho Isaías y Tulio Vázquez o Pablo Romero o Concha y Sierra nos habríamos puesto tan contentos, que a fin de cuentas todo eso son antiguallas que por delante sólo tienen pasado y los Jandilla, la merendilla, son el próspero futuro, lo que se nos viene encima, o mejor aún, lo que tenemos ya encima, la toreabilidad juampedresca, el impulso irrefrenable de eliminar lo anterior, el toro a medio camino entre el arte y el hartazgo. Bueno, pues ni por ésas, que ya se sabe que andando Julián por medio todo debe ser tomado a beneficio de inventario, porque los Jandilla, divisa azul, antigüedad de 3 de mayo de 1951, eliminación de lo anterior en 1970, no pasaron la experta requisa venterinaria (venterinario: el veterinario de Las Ventas) y fueron arrojados de los mullidos corrales de Can Florito de vuelta al campo extremeño donde pacen, imagino que de manera mansa y pastueña. Y según dicen no fueron seis los que hicieron el camino de ida y vuelta por la carretera de Extremadura, sino cuatro veces seis, un tsunami de toros, como quien dice una estampida de Jandilla por la N-V, un despilfarro de gasolina, de guías sanitarias, de idas y venidas, y al final tó pá ná. No hubo manera de que el Claustro Veterinario Venteño pudiese rescatar seis, seis justos, con los que montar la corridilla de los Jandilla... Y los Jandilla rechazados ¿cómo serían? ¿deformes? ¿anormales? ¿maleducados? ¿con la mítica falta de conformación zootécnica? ¿tendrían acaso alguna enfermedad inconfesable de tipo infecto-contagiosa o venérea? En estos tiempos en que, si nos ponemos a ello, podemos saber hasta el color de los calzoncillos del Presidente de Surinam, don Dési Bouterse, en la Plaza de Toros de Las Ventas sigue habiendo la más absoluta oscuridad sobre lo que ocurre de las puertas hacia adentro. Las Ventas es como Las Vegas, lo que pasa en los corrales se queda en los corrales, y ahí estamos con el chismorreo de que si me ha contado uno, que si me han dicho o que si he visto llegar otro camión, como cuando apostábamos cuántos toros tendrían que pasar por los corrales para aprobar la media docena en la corrida de Curro Romero.

Y una vez expulsados del paraíso venteño los Jandilla ¿qué hacer? Las mentes pensantes, los CEO de la razón (incorpórea) social Choperón Father & Son lo vieron claro, porque ahí tenían la corrida del Vellosino que sustituyó a la de Margé por causas igualmente inexplicadas y que se suspendió por lluvia, cuando ya no llovía, por la causa perfectamente explicable de que dentro de la Plaza había dos mil personas y el resto estaba en las taquillas a por los cuartos de la devolución. Ahí tenía la Empresa los Vellosinos de oro moruno, gastando pienso y agua, y en seguida la puso a disposición de los equipos de márketing de los toreros para que evaluasen la posibilidad de que se pudiesen avenir a enfrentarse a ella. Cuatro recibieron el nihil-obstat de la parte toreril, que como se ve hace exámenes de mucha más exigencia que los veterinarios que habían aprobado los seis, y hubo que traer dos nuevos desde Salamanca, desde los predios Vellosinos, para acomodar la presencia del ganado a las exigencias de los de la coleta, aunque se puede figurar hasta el más lerdo que con todo este aluvión de migraciones ganaderas lo que se iba quedando remansado en los corrales y aprobado era la ganga.

A costa de todas estas idas y venidas una parte de la afición estaba algo soliviantada y cuando se formó el desfile tras los jacos que montan don Carmelo Caballero y don Álvaro López se comenzaron a oír silbidos y muestras de desaprobación por parte de una buena parte de la afición, que de esa manera afeaba a la terna el lío de los corrales y los enjuagues de los que nadie sabe nada con certeza, pero que nos imaginamos todo y más. Los que vienen a los toros de vez en cuando o casi nunca acaso no entendían esta novedad del paseíllo a golpe de silbido, que a ellos lo que les ha explicado el de la TV es que hay que aplaudir, y miraban de un lado a otro sin acabar de comprender.

La terna de marras era Julián López, Miguel Ángel Perera y Alberto López (Simón), Dos López y un Perera vs. los Vellosino. ¡Ahí es ná!

Estas “figuras”, más que figuras lo que son es unos grandes urdidores, toreros aún jóvenes que deberían estar comiéndose el mundo se avinieron a participar en la fantochada de los Vellosino y así les fue, porque la vellosinada, entre su descaste, su mansedumbre huidiza, lo feos y desproporcionados que eran y la pinta de afeitados que tenían les arruinaron el juego y la tarde se debatió entre broncas, silbos y censuras sin posibilidad de que remontase el vuelo... O sí, que ahí tenemos a López Simón, del que hablaremos al final.

Lo de Julián, Carnicerito de San Blas, es otra reedición de su permanente cuesta arriba de Madrid. Su primero, Sevillano, número 162, era el prototipo del toro derrengado, del animal que andaba a cámara lenta porque no podía con la penca del rabo, rematadas sus carreritas con una sucesión de derrumbes que jalonaron su ratito de innecesaria vida pública. Su segundo era manso como la Vaca que Ríe, se deslomó en un par o tres derrumbes de esos de colapso motriz y su único objetivo era ir a tablas o a cualquier sitio donde no tuviese cerca a ese señor bajito que estaba frente a él. Hay que ser justos y reconocer que Julián hizo un esfuerzo tremendo con este toro. Julián no tiene estética alguna, ni arte por ningún sitio, ni pellizco, pero tiene muy mala leche y muchos gatos en la barriga como para que la silba le venciese y por ello hizo un esfuerzo sobrehumano en su estilo deplorable para decir algo. En la última parte de la faena, muy enrabietado, se medio quedó cruzado con el toro en un natural que acaso sea lo mejor que nunca hemos visto en Julián.

Miguel Ángel Perera no pasa ni mucho menos por su mejor momento en los ruedos. Espeso, falto de ideas, plúmbeo, no consiguió que nadie se interesase por sus tristes trasteos. En su primero la inane sucesión de pases que enjaretó al toro sólo produjo bostezos. Entró a matar de cualquier manera y aunque tiró la muleta al hocico del bicho, éste le persiguió y le obligó a tomar el olivo como un peón de los malos, echándose de cabeza al callejón. En su segundo, un colorado chorreado en verdugo con un tiparraco digno del Museo de los Horrores, como el toro pasaba ampliamente de él, se dedicó al tema del arrimón, el péndulo, el circular invertido y el otro, con lo que no consiguió que nadie se sumase a su causa, pues el toro, que no fue picado, no era capaz de meter miedo del que meten los toros, aunque lo mismo se podía haber ganado la vida en la Casa del Terror del parque de  Atracciones. 

Y López Simón, de Barajas, que lleva casi tantas puertas grandes de Madrid como César Rincón de las que apenas recordamos nada, tenía la tarde a su favor. Primero porque la carga de la culpa del lío de corrales las gentes se la atribuyeron a Julián, y segundo porque Perera está tan cargante, empalagoso y ensimismado que nadie le echa cuentas. La tarde pitaba para López Simón a poco que hubiese echado coraje al guiso, pero no vio clara la cosa o no supo o no pudo. En su primero siguió los preceptos de la secta julianera en cuanto a su descolocación, al cite ventajista y picotero, las carreritas y demás parafernalia del neotoreo. Su segundo fue el toro, un sobrero de Domingo Hernández, híbrido de perro de lanas y oveja lucera que iba y venía a los toques dejando estar, sin pararse y con infinitas ganas de agradar. El torero lo intentó, pero no consiguió encandilar a las gentes... ¡Cómo estaría de mal!, que a medida que la faena avanzaba, se iban desentendiendo de ella. Me da que ésta es la cara que va a presentar López Simón este año, y que esta temporada  puede convertirse para él en un calvario, pues le falta oficio y sentido escénico. A este mismo domingohernández el Julián de San Blas no le hubiese dejado ir con las orejas puestas. Hasta en el destoreo hay clases.

 Paseo incorpóreo

 Los grises en el 7

 Mulilleros desahuciados

 Primer julipié
Gloria bendita

 Dos López y un Perera,
al que sus fans llaman Pereza

 Las ocho en el Reloj de Alicia

 Guerra

 Tertsch

 Los mulilleros prefieren merendar que ver a Julián

 Segundo julipié
Al torillo le han dado con un estoque.
¿Quién le manda al torillo salir de noche?

 Tercer julipié
Que de noche le mataron
al Caballero,
la gala de Velilla,
la flor de Olmedo

 La brasa por el lado derecho

 La brasa por el lado izquierdo

 Hasta el rabo todo es Vellosino