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lunes, 16 de mayo de 2016

Enfermería o Puerta Grande


 Molowny


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Del “Chapeau!” del entrenador (Zinedine, dice Camacho, como si hablara de un guarda de Polaris World) a los suyos, que acababan de perder otra Liga, esta vez en La Coruña (justo donde Bernabéu, por una comisión de más que le pedían, echó a perder el fichaje de Cruyff, que ya estaba cerrado), al tremendismo del capitán, que resta importancia a la Liga (“una cosa de pobres”, pensará el “cortihero”) y pone todos sus huevos en la cesta milanesa, un desafío para el que, como les ocurría a los viejos toreros lúseres, sólo deja dos salidas: enfermería o Puerta Grande. Traducido al lenguaje del Aranzadi que manejaba Luis Aragonés, significa que en Milán el Madrid, para salvarse, ha de ganar por lo civil o por lo criminal.

    A Zidane sólo le ha faltado quitarle la Liga a Luis Enrique para convertirse en otro Molowny, el entrenador Talismán. Molowny fue El Mangas y Zidane hubiera sido El Tres Cuartos. Molowny fue el entrenador que se encontró Mendoza al llegar a la presidencia: él quería al Sabio de Hortaleza, que no tuvo valor para cambiar Hortaleza por Chamartín, y entonces decidió quedarse con El Mangas, que le ganó la Liga, esa cosa que antes ganaba el Madrid y que ahora gana el Barcelona.

    En La Coruña, con homenaje al Brujo de Arteijo incluido, los amigos del Karma esperaban el milagro de Tenerife, pero al revés, es decir, que otro García de Loza (u otro Gracia Redondo) enredara al Barcelona en Granada para que los kikos del madridismo joven pudieran ir a Cibeles a recibir a San Isidro haciendo peinetas al País Pequeñito De Ahí Arriba, que decía el Pep, el País de Busquets y Nunca Jamás.

    Mas ni Karma ni leches, quitando una tangana alrededor del pobre Isaac Cuenca (“Isaac Cuenca no gustará mucho a las chicas, pero lo hace que te cagas”, es uno de los discursos míticos del Castelar de Sampedor), cuando debía haberse montado por el peinado de Marge Simpson que luce Neymar, que eso es subírsele a uno los humos a la cabeza.

    ¿Puede haber algo más feo que querer pegar a Cuenca?

    Bueno, pues esos tipos han ganado la Mejor Liga del Mundo.

    –Con estos yo no iría ni a partir una herencia –fue uno de los dichos sabios de Di Stéfano.
    
Y, sin embargo, estos son el equipo de la Unicef, que ahora invita en un anuncio a que testemos en su favor.

    Mientras Zidane se quitaba el “chapeau” (los rojos no usaban “chapeau”) ante los suyos en La Coruña, en Madrid nos acometía la nostalgia de la última Liga, la Liga de Mou, con su saco de puntos y goles, números, por cierto, que nadie ha igualado, aunque la propaganda mular del fútbol siga vendiendo el “fútbol ofensivo” del Barcelona de Guardiola contra el “fútbol defensivo” del Madrid de Mourinho. O que Zidane ha ganado “su” Liga, porque en lo que estuvo en el banquillo se llevó más puntos que Simeone y Luis Enrique. O que la Liga de este año Luis Enrique ha tenido que ganarla dos veces, una contra Benítez y otra contra Zidane. O que a Benítez, porque ponía a Casemiro, le hacía la alineación el presidente, mientras que Zidane no se deja intimidar, y la prueba es que pone a Casemiro.

    A Benítez le pasó lo que a Antic: que caía gordo, tan gordo que hasta Mourinho lo puso a dieta. (El error más grave que admitió Mendoza fue el despido de Antic, yendo primero, “porque se empezó a decir que el Madrid no ofrecía espectáculo”). Zidane, en cambio, cae bien. Y a poco que pierda, caerá mejor, porque el entorno madridista… no es madridista.

Cuenca
VIDAS PARALELAS

    De Arbeloa tiene dicho Hughes que es un Chendo con “tablet”, dicho sea en honor de Chendo y de Arbeloa. Chendo sobrevivió al psicólogo Lamparero, que venía a ser el Jung del doctor Benito Floro y que un día hizo recitar a los jugadores, a modo de relajo, versos de Campoamor. Impresionado por la cara que puso Chendo, quiso el psicólogo saber qué le pasaba, y el capitán respondió: “¿Qué quieren que me pase? ¡Que no juego, j…, que no juego!” De Chendo acabaría quedándole a Mendoza una espina clavada: “Ganó siempre menos que los demás y su conducta fue ejemplar”. Como Arbeloa, al que el partido de Felisuco, líder del centrismo cántabro, pone como ejemplo para la regeneración de España.