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sábado, 28 de mayo de 2016

Milán

Santiago Bernabéu, padre fundador de la Copa de Europa


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El derbi madrileño se ha hecho tan grande como, al decir de Cela, la tortilla de patatas o la palabra gilipollas, que nacieron en Lavapiés y son universales.

Cuando en Madrid se curraba, para lo más que daba un derbi era para unos chinos con Luis Aragonés o para una capea con Juan Gómez. Hoy, en Milán, como ayer en Lisboa, dos capitales españolas al fin y al cabo, se ventila una copa de Europa, la orejona, esa “milana bonita” que viene a satisfacer el hambre de acción que atormenta nuestras vidas contemplativas. En eso, el parado madrileño no se distingue del filósofo inglés, cuya única felicidad es el fútbol (en Inglaterra, Wittgenstein iba más lejos, y completaba el fútbol con películas del Oeste).

Una línea hiende a Madrid en dos porciones –decía De la Serna en su loa del paleto–: al Norte de esa línea están los pastores; al Sur, los labriegos.
Vikingos al Norte e indios al Sur, que defienden en Milán su prestigio balonero separados, ya no por la calle de Segovia, sino por el carácter. Capello, un Millán Astray del fútbol, ya ha dicho que el Atlético de Simeone tiene más carácter que el Madrid de Zidane, pero “carácter” viene de “barranco”, y los madridistas confían en que Zidane tire de chilaba y haga de Milán un Barranco del Lobo para el cholismo, que ahora es el ismo del populismo Benarroch.
Veo al Madrid de Zidane con mejor temperamento que carácter, y con mejor carácter que temperamento al Atlético de Simeone.

El carácter siempre ha gozado de mejor prensa que el temperamento. Para Pulitzer, si un redactor no tenía carácter, no tenía nada, igual que piensa Mourinho de los futbolistas. Pero ¿qué es carácter?

El misionero no siente una satisfacción más profunda por convertir al caníbal que la que siente el caníbal por comerse al misionero –era la forma de Pulitzer de plantear su duda.

Si, viéndose en Milán, Zidane sucumbiera a los cantos de los “hestetas” y adoptara la postura del misionero, sería devorado por el caníbal.