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martes, 1 de marzo de 2016

La Política Fusión de Sánchez



Hughes
Abc

Se podría hablar mucho sobre el discurso de Sánchez. O quizás no hablar nada y despacharlo. Pero hubo cosas interesantes. Se inventó algo así como el Patriotismo del Cambio, pasó de la España Plural a la España Mestiza y hubo un instante mágico, revelador, en que habló de los cocineros españoles. Creo que es la primera vez en la que, en lugar de citar a Machado o a Churchill, un político español lleva a Dabiz Diverxo o a Ferrán Adrià al parlamento. No los citó, pero los puso de ejemplo ¿Qué hay más actual? Sánchez se quiere inspirar en la cocina fusión. Izquierda y Ciudadanos, Cambio, pero no mucho, 78, pero reformismo, cocina indonesia y jamón.

Esta cita convierte ya a nuestros cocineros en los grandes intelectuales. La creatividad sensorial, el concepto vacío, el trampantojo. La floritura de lo superficial.

La croqueta líquida de Adrià como reto absoluto: lo que ya está, pero diferente. ¡La conversión de todo en dieta blanda!

Ese momento me ha parecido el momento más alto de Sánchez desde que es político. Ese invento de un forzado centro alrededor de la maniática reivindicación de cambio, un cambio contra Rajoy, claro, con Frases memorables: “El gobierno del cambio es el cambio del gobierno”. O la asunción de la fraseología zapateriana con incrustaciones de Pablo Iglesias que ha llegado a su culminación en esta joya: “El vehículo del cambio utiliza el combustible del diálogo”. Síntesis perfecta de dos motivos de ZP y Podemos.

Pues así ha querido Sánchez crear hibridaciones simpáticas, contentando a unos y otros, creando una ilusoria sensación de amalgama y de unión de contrarios. El sushi de morcilla de Burgos, la tortilla en tempura, la cococha con wasabi.

Así todo. Esta reivindicación del centro gastronómico, este oportunismo un poco charlatán ha sido una muestra de gran creatividad, pero sobre todo ha inaugurado un más allá cultural en España, que encuentra su cima en la cocina.

Un Chicote que salga del Parlamento mirando a la cámara: ¡No era esto, no era esto!
Esta vuelta de tuerca, en lugar de ser deplorable, es una sublime muestra del aprendizaje de Sánchez… ¿o acaso no nos pareció tocar fondo en la cocina de Bertín?

Las posibilidades que esto le ofrece a la retórica política son casi infinitas. Es introducir en ella lo visual, ¡lo gustativo!

Manejar los conceptos, las políticas, las medidas, lo laboral, la Constitución, el IRPF, la Ley de Educación, cualquier cosa, elementos de absoluta heterogeneidad como potenciales ingredientes sin más limitación o fidelidad que la ocurrencia.

¿Unidad y federalismo? ¿Equilibrio presupuestario sin ajustes?

Cualquier cosa, mientras haya cambio. Porque el cambio aquí es la “experiencia” de Diverxo. La “experiencia” global de la cocina modernísima. Lo sorprendente, grato, acariciante. La ilusión de novedad que todos esos platos nos regalan.

Sánchez ha llevado la política donde nuestros grandes referentes culturales.