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jueves, 17 de marzo de 2016

La sopa boba



Vicente Llorca

A uno, influido quizá por el relato que los innumerables primos y demás traen siempre a su regreso, esto de los comedores de la parroquia y las empresas de Cáritas siempre le han sonado a cosas cercanas. En concreto a sopa caliente, a miga de pan  y a lentejas con tocino. Y a que dentro del local hace calor y hay luz, y fuera, en la calle, hace frío y está oscuro siempre.

 Qué le vamos a hacer. En medio de tanta niebla, las puertas de la parroquia y el patio que se abre por la tarde tienen el sabor de lo nítido, de lo inmediato. ( Y me acuerdo no sé por qué de la Corredera Baja de San Pablo, que imagino siempre a oscuras, y en donde se encuentra el comedor de San Antonio de los Alemanes, la espléndida iglesia del XVII, y la sombría fila de los que esperan fuera a que las puertas se abran).

El sabor de lo cercano, lo inmediato… Recuerdo la frase de Rilke, en los inicios de siglo, donde señalaba que “para nuestros abuelos, una torre familiar, una morada, una fuente; hasta su propia vestimenta, su manto eran aún infinitamente más familiares …” Y después los versos clásicos, los de sus Sonetos a Orfeo, donde recordaba “Manzana llena, pera y plátano grosella…Donde  había antes palabras, fluyen ahora hallazgos… “ 

El comedor de la iglesia. Es una sopa inmediata, la noción de un calor cercano… Días después, tampoco alcanzo con qué motivo, surge en la conversación el recuerdo de la frase atroz, repetida, que yo había escuchado muchas veces, con que se cuenta que los propietarios extremeños hubieron de contestar a las peticiones de renovación de los contratos de aparcería agrarios, que habían quedado suspendidos con las elecciones del año 33 en la Segunda República. “Comed república”, dice la leyenda que replicaron.

Lo inmediato, lo abstracto… En alguna de las comunidades regionales y neo-republicanas de la actualidad, no recuerdo en cuál, leo que los dirigentes de las mismas se han apresurado a cancelar las subvenciones a Cáritas, a la Cruz Roja o a los comedores de la iglesia. 

Ellos sin duda se alimentan de ideología. Esa ciencia según la cual el presente, lo inmediato, es negado en aras de un futuro inefable que, esta vez sí, se anuncia inmaculado, de acuerdo a sus predicciones.

No sé qué les dirán ahora a los que esperan la sopa en concreto, sin más ideología… “Comed futuro”, quizás.