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jueves, 31 de marzo de 2016

La novia del Kichi

 El Kikchi y el Otro

 La Caleta, playa de La Viña

Francisco Javier Gómez Izquierdo

       Vengo de hacer unas gestiones en Cádiz, donde me ha pillado el último despropósito de la novia del Kichi, aparecida en postura protectora y solidaria junto a un bruto de aldea, abusón y delincuente,  que se cree el Ché de Jaén.  “..Mira que esta Tere no calla ni abajo l’agua”, dice un parroquiano ante un cafelito en el Pópolo. “¿Y quién era Miguel Hernández?”, pregunta insolente un cadista con camiseta del Mágico que tiene escondidas en un portal una caja de caballitas y otra de jurelitos por si me interesan media docena de cada.

    La novia del Kichi y el Kichi mismo son dos personajes que a mí me parece que no están debidamente catalogados por la clase política y periodística en general y  por la “gente” corriente en particular. En Andalucía, y sólo en Andalucía, hay un sindicato de Enseñanza que podríamos llamar revolucionario. A ese sindicato, conocido por USTEA, están apuntados una mayoría de individuos -e individuas- que no les gusta nada trabajar en lo suyo y se autoproclaman luchadores por la libertad. Las delegaciones de Educación, como conocen ustedes, están sobradas de barandas iletrados, pero hay una cosa que hacen bien: liberar a los afiliados del terrorífico -para padres y alumnos- sindicato y que hagan lo que quieran fuera de las aulas.

    El Kichi pertenece a USTEA y no al Instituto de Almería donde dice está su puesto de profesor y donde creo que ni llegó a incorporarse al destino -“... le recuerdo que yo tengo una carrera y usted no..”dice el Kichi a la oposición con soberbia entonación- . El Kichi está liberado del todo y no tiene ninguna obligación con sus alumnos ni con los contribuyentes que le pagamos generosamente la dedicación a su familia de antes de echarse otra novia, su devoción al carnaval y la irrefrenable solidaridad hacia los parados de su barrio de La Viña.

    Teresa Rodríguez no fue siempre novia del Kichi. Teresa Rodríguez fue novia de otro profesor que no daba clase en un Instituto de Cádiz y que además de militar en USTEA -una trampa legal para no pegar ni golpe- fundó un partido trotskyista que al parecer sustituía a la Liga Comunista Revolucionaria: Izquierda Anticapitalista. Teresa Rodríguez y El Kichi se trataron con frecuencia  en el local del sindicato y en el del partido, y como es conocido que el roce hace el cariño, el Kichi dejó a su mujer y sus hijos y Teresa a Jesús Rodríguez, que así se llamaba el profesor y novio que la inició en la lucha de clases.

    Hoy, Teresa y el Kichi son la Casta de Cádiz. Teresa habla y habla y requetehabla -reconozcamos su facilidad de palabra- siempre lo mismo, sin como decía el poeta, empezar a decir, y cuando quiere soltar algo original, mete la pata hasta el corvejón. En teoría, Teresa Rodríguez es profesora de Lengua y Literatura, y cuando un servidor leyó sus conocimientos sobre Miguel Hernández, otra vez tuve que escandalizarme con estos falso educadores, nacidos de una corrupción imposible de frenar.
       
Cafres, delincuentes, aprovechados, vividores, golfos.. hay infinitos, por lo que este Bódalo de Jaén no ha de extrañarnos lo mas mínimo. Lo que nos debe hurgar la conciencia es el mantenimiento de un sistema que propicia educadores como el Kichi y su novia Teresa. ¿Qué ve esta mujer en el ya preso por brutalidad que se parezca a Miguel Hernández? ¿Lo ve condenado a muerte? ¿Lo ve tuberculoso? ¿Tiene a su mujer -mejor pareja- alimentada sólo con cebolla y a sus hijos, si los tuviere, famélicos y moribundos? ¿Cobraba Miguel Hernández un sueldo en la cárcel como este concejal? ¿Y dónde están escritas las metáforas del cerril con boina? ¿En líricos volúmenes o en sentencias judiciales? ¿Da lo mismo “..al octavo mes ríes con cinco azahares..” que “..fascistas, franquistas, hijos de p...” o destrozar una tienda porque el tendero no hace huelga? Del poético matonismo mejor no hablar.
     
Por cierto, este bachiller que es un servidor tuvo de profesora de Literatura en COU a una tal Pilar Álvarez Uría, que creo era hermana de Fco Javier Álvarez Uría, un extremo izquierdo al que Kubala hizo lateral. Aquella señora era una sabia enamorada de la enseñanza que en un examen FINAL, de los que hoy se rechazan por producir traumas, nos puso ese verso de Las nanas de la cebolla, para que llenáramos un folio con todo lo que había que saber.  Ayer y por comprobar por dónde me ando, pregunté a varios veinteañeros universitarios por Miguel Hernández y todos están tan in albis como el buscavidas de Cádiz. O como muchos profesores de Lengua y Literatura que en Andalucía son.