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miércoles, 30 de marzo de 2016

Trabajar

John Gray

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Sabemos que, como chulos del Estado, Snchz y Pablemos trabajaron en lo suyo (la Revolución Pendiente) en Semana Santa sólo por la cara de “mala follá” que tenían.

Pocas cosas hay más desagradables que un español trabajando en festivo, o prueben, si no, muy de mañana a pedir en Madrid un café con leche corto de café y leche templada en taza de merienda a un camarero español en domingo.

Va a tener que esperar, que no tiene uno el c… pa’ ruidos. Ya ve: domingo, y aquí, trabajando.
Para el españolejo, tener trabajo en domingo es tan de mala señal como tener catarro en verano. Al final, podría ser que la popularidad de la Restauración de Cánovas se debiera a su defensa del proyecto de ley de descanso dominical.

Hay que reconocer que, comparado con lo de Snchz, Pablemos y el camarero de los domingos en el bar de abajo, lo de Cánovas suena a Paraíso (con Romero Robledo haciendo de serpiente electoral).

Regocijo de la voluntad (“exhilaratio voluntatis”) llama San Agustín al trabajo antes de la Caída, o sea, paseo con Eva por el Retiro y tertulia con la peña animalista del Pacma en las tabernas taurinas de Ventas.

La “República de trabajadores”, como es fama, incorporó la maldición bíblica al artículo primero de la Constitución.

Una Constitución con alma de capataz de Zafra –dijeron los cronistas.
Pero el capataz no era de Zafra, sino de Bárcena de Pie de Concha, Luis Araquistáin, casado con una suiza y marxista (Marx tenía horror al trabajo) de “Claridad”, aquel huerto de Ronsard para las acémilas de la Revolución Pendiente.
¡No trabajéis jamás! –fue una pintada de éxito en el 68 parisino. O “parisián”, como diría Tania Sánchez.

El 68, sin embargo, nos trajo esta socialdemocracia a la que debemos la excelente consideración que el trabajo tiene en el rebaño, lo cual “es aberrante” para John Gray, un socialdemócrata cabreado, y para todos los camareros que nunca han leído a John Gray, pero que han de trabajar en domingo en Madrid.