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martes, 29 de marzo de 2016

Carta de un camarero a sus clientes



(Carta del gran camarero profesional Miguel "Maestro" Ansaldi a sus clientes)

Señores, al ingresar al restaurante, saluden. Si no quieren sonreír, no sonreían; pero sí, por favor, saluden. Agradezcan a quien le abrió la puerta, sea recepcionista o camarero. Alguno de ellos será quien lo ubique en su mesa. No se encapriche con obtener la mesa que da a la ventana. Piensen: ¿Qué puede ganar? ¿Tan interesante es ver una vereda? ¿Ver su reflejo en la ventana lo hace más feliz? Las mesas más o menos son todas iguales. Generalmente, tienen cuatro patas y una tabla encima.

No se aceleren, no sean  impacientes; les recuerdo que se encuentran en un restaurante. Un restaurante no es un lugar de comidas rápidas. En el caso de que se encuentren apurados, comuníquenselo respetuosamente al camarero. Un camarero profesional sabrá como complacerlos.

Señores, una mesa para seis personas es para seis personas, a lo sumo cuatro. No para uno o dos comensales. Igualmente, consulten con la recepcionista o el camarero si la casa prevé una excepción para ustedes. Algo importante, fundamental, es dirigirse con respeto al hablar con el camarero. No sea grosero. No tutee. Llámelos camarero o camarera, señor o señorita. Llámenos por lo que somos. Profesionales del servicio asistiendo a usted en su velada. No nos llame flaco, gordo, pelado, negro, chino, petiso, master, pibe, loco, jefe, etc. Y por favor, no intenten atraer nuestra atención con un chistido o sonido gutural. No nos llamen como llamaría a un animal. A un camarero le molestaraá bastante. Eso nos molestará bastante.

Señores, cualquier problema que tengan con el servicio; así sea un problema con el ambiente del restaurante, la comida o lo que fuere, comuníquenselo, al instante, al camarero. No esperen al final del evento, quizá sea tarde. Al instante y de la manera apropiada.

Nadie quiere perjudicarlos, señores, todo lo contrario. Ahora bien, cuando el camarero le lleve la cuenta, eviten decir: ¡Uh, qué rompimos! No sean vulgares. Les recuerdo que en la carta de cualquier restaurante del mundo, a continuación del nombre del plato se encuentra el precio. Les recuerdo también que el cubierto cobrado nada tiene que ver con la propina que ustedes decidan darle o no al camarero. Y a este punto quería llegar.

Señores, si ustedes gastaron $100, no le dejen como propina al camarero $1 o $2 o $3. Lo ofenden. Me ofenden.

Señores, ¿han oído hablar del %10? Contribuyan, a lo sumo, con el %5, pero nunca con el %1. Si no adhieren con esta tradición que es la propina a cierto servicios brindados, por favor, no dejen nada. Sólo un simpático saludo y las gracias al camarero de turno. Así podrán retirarse con la cabeza en alto, erguidos y con el pecho inflado, y no cabizbajos como si supieran que están en falta.

Bon appetit!

Gracias por su visita! Espero volver a verlo pronto!

Aníbal Miguel Ansaldi (Rosario, Argentina, Enero 1991)