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sábado, 26 de marzo de 2016

Judas


 Ficha policial de Yuri Dombrovski

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En Europa, la traición decimonónica era cuestión de fechas. Hoy es una cuestión de gustos. Una vez generalizada, la traición (a los principios, a las lealtades, a las promesas) es de buen tono: una virtud social. ¡El virtuosismo de la traición!

    Si tuviéramos que marcarnos un “je suis” con los personajes de la Pasión, el elegido por los tuiteros ya no sería Barrabás, sino Judas, tesorero y... “uno de los nuestros”.
    
Todo hombres es abyección, dijo Gógol, es verdad. ¡Así es! –pone Dombrovski en boca de su Kornílov.

    Jesús era precavido en grado sumo: “Aunque todo el mundo se daba cuenta de que lo negaba todo (al emperador, el poder del emperador, los dioses del emperador, la moral del emperador) era imposible pillarlo en falta”.

    –Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Pero, claro, con sus discípulos, con los más íntimos, también hablaba d la tierra de otro modo. Para conocer estos discursos tenía que haber dos al menos. No había ministerio público, y sin testigos era imposible acusar y llevar a juicio. El que pillaba al criminal en flagrante delito lo conducía ante la justicia, convirtiéndose en acusador y demandante. Fue el papel de Judas, por treinta monedas. Pero ese escenario (lugar deshabitado, noche cerrada) requiere de otro testigo: uno que asiste, que no desenmascara, que no guía a los soldados. Presencia la escena en silencio y luego declara en el juicio. Una figura así constaba en el expediente de Cristo, pero sólo apareció una vez, en la audiencia ante el Sanedrín. Lo escucharon y luego lo dejaron irse. Por eso no sabemos quién era. Pero era muy próximo a Cristo, tan próximo que cuando lo arrestaron y lo condujeron al juicio orquestado iba junto con los demás y derramaba lágrimas. Uno puede imaginarse los sentimientos que invadieron a Cristo cuando lo vio allí y se puso a hablar. Pero el misterio se quedó detrás de esas puertas cerradas. Cristo no se lo reveló a sus discípulos.

    Tampoco Judas quiso desvelar el nombre.