Follow by Email

viernes, 4 de marzo de 2016

La escuela andaluza




Francisco Javier Gómez Izquierdo

          Usted quiere hablar con ella y no está. Vuelve usted mañana, y tampoco. Los oficinistas y bedeles -funcionarios- de la Delegación le dicen que les parece que ha ido a desayunar. Espera usted dos horas y vuelve a preguntar por la Delegada de Educación y le dicen que tendría cosas que hacer fuera como visitar un instituto o  una guardería. Así una semana entera para que la única que puede resolver su problema le reciba. Pero no le recibirá a usted, porque en el fondo ella ya sabe lo que a usted le angustia. El correveidile al que usted ha explicado la situación de su hijo ante una beca ya le ha soplado a la señora delegada las razones que usted le ha dado durante las cuatro mañanas aguardando audiencia. El chismoso oficinista le dirá a usted a la hora del desayuno del quinto día  que la señora delegada no le va a recibir ni hoy ni mañana ni pasado. Que haga usted un escrito y que se compromete a estudiar lo que usted ponga.

       ¿Estudiar? ¿Cuándo y dónde ha estudiado la señora delegada? Hace seis años un servidor fue testigo de la feroz, y digo feroz, persecución de una jauría de circulares imaginada por señoras asalvajadas, sin principios y sin los más elementales modales, con la finalidad de aterrorizar a los mejores alumnos de Córdoba. La marginación y desprecio hacia los estudiantes excelentes que sólo puede responder a una explicación psicológica de complejo de inferioridad o a órdenes superiores de aniquilamiento de todo conocimiento sobresaliente, lo tengo documentado. Aquella Delegada -en Córdoba siempre son delegadas- de cuyo nombre no quiero acordarme, como ésta de hoy, no están para lo que se necesitan. Están para presumir de cargo y hasta para abusar de él, como le pasó a la penúltima, Manuela Gómez, de la que sí recuerdo el nombre por llamarse como mi hermana,  que tuvo que dimitir por unos correos personales en los que ponía el membrete de la Junta para darse el fuste del que carece.

       Esther Ruiz, creo que la sustituta reciente de Manuela Gómez, no ha tardado en demostrarnos la tradicional indigencia intelectual de las de su cargo, convirtiéndose en el hazmerreír de la mañana cordobesa, incluso entre gentes  a las que les trae al fresco la ortografía. Doña Esther, con su pulserita patriótica y con los ojos cansados tras días de “gran trabajo y esfuerzo”, se ha retratado con el título de la presentación del curso que viene: CAMPAÑA DE EXCOLARIZACIÓN. CURSO 2016/17.

     -¿Qué ésa es a la que tienen que obedecer los maestros y ésa es la que tiene que vigilar a los profesores?

     Usted no se puede pasar en la descalificación, porque le llamarán machista, fascista.

         Ahora vendrán las disculpas. Que si el power point, que si el documento estaba sin revisar, que si el funcionario que lo pasó a limpio, hasta pudiera ser que el responsable fuera el chivatillo que pulula por la puerta de su despacho... pero lo cierto es que son dos palabras, señora, que chirrían a simple vista... y mire usted, no me creo que antes de presentarse ante la prensa no haya usted dado un vistazo a lo que había, y cosa nada extraña, usted no ha visto nada raro.