Follow by Email

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Tratamiento y equipos (al hilo del sobrino de Chaves)

Vacas

Francisco Javier Gómez Izquierdo

El cumplimiento de condena a la carta del sobrino del “compañero” Chaves escandaliza más por la evidencia de que España no va a librarse nunca de los privilegios para ciertos señoritos que por la gravedad del comportamiento de la Justicia, delegando en una especie de círculo masónico la concesión de la libertad al preso. Es mucho más preocupante lo segundo que el mal ejemplo del primero.

Los delincuentes con varios trienios en su currículum tienen muy claro que el problema no es la condena que le llega del Juzgado. Los delincuentes acostumbrados a entrar y salir “del talego” saben que su primer objetivo es “camelar a las Juntas de Tratamiento”, pues lo de redimir, en contra de lo que cree la mayoría de los españoles, ya no existe. Con el nuevo Código se deja en manos de los Equipos de Tratamiento la valoración en la evolución del interno, y si el Equipo cree que el condenado como autor de un atraco a 5 años y 6 meses de cárcel está para salir en 3er. grado al cumplir dos años, pues lo propone y el Juez acepta la progresión sin pegas. Ese mismo Equipo puede denegar, no ya el 3er. Grado, sino el primer permiso, al cómplice condenado a dos años y medio menos. Es decir, a 3 años. El comportamiento en prisión puede ser mejor que el del Jefe de la banda, pero por la sencilla razón de “...que tiene algo que no nos gusta y además habla poco” puede que el que esperaba en un coche a la salida del pueblo, esté sin “pisar calle” más de dos años y medio, por una condena de tres. Este disparate es el pan nuestro de cada día en las cárceles, y ejemplos hay a centenares, de los que iremos dando cuenta, conforme nos los vaya contando el amigo carcelero.

El juez propone y los Equipos disponen.

¿Qué es un Equipo de Tratamiento? Los de voz cantante suelen ser un jurista (un licenciado en Derecho que aprueba una oposición; no piensen en un excelso conocedor de las leyes), y un psicólogo que casi siempre es de sexo femenino. A estos se les suma un asistente social, el Director del Centro que en el siglo suele ser una Directora y por lo general psicóloga, y un educador. Las sensaciones que tiene el psicólogo cuando entrevista individualmente a cada recluso son las que decidirán la mayor o menor tardanza en alcanzar la semilibertad, y es cosa que se acuerda tras unas deliberaciones que tienen el carácter de secreto, explicándose una denegación de permiso con el encabezamiento de “...la Junta ha considerado y decidido...”, en un idioma entre vaticano y de brujos chiricagüas.

No es cosa de extenderme en los desequilibrios que muestran muchos licenciados en psicología, pero no parece de sentido común que se den por legales ciertas decisiones que llaman la atención solamente cuando conciernen a un condenado de cierta fama, sin tener en cuenta que todos los días en las cárceles españoles se cometen disparates que nunca serán reparados por la justicia... que por lógica es competencia judicial.

El sobrino de Manuel Chaves es grato a los ojos de los miembros de un equipo de tratamiento. Diego, un robagallinas archipobre y sin instrucción, no es grato “..porque no se le entiende lo que dice”.

-¿No ve usted que Diego tiene menos pena?

Ahí, la pizpireta psicóloga apuntará:

-Los que no saben ver son ustedes. El Tratamiento ha de ser individualizado, como dice el Reglamento, y los presos no son ovejas ni vacas.

Ovejas