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jueves, 24 de noviembre de 2011

Buñuelos

Sabina no se ha equivocado nunca
de caballo ganador

Ignacio Ruiz Quintano

Abc

“Teníamos todo el viento en contra”, oyó Jorge Bustos que decía Zapatero para justificar el hundimiento de la Casa Común de la Izquierda.

El alemán Sloterdijk tiene una buena hipótesis sobre los pensadores según usen la razón como vehículo (mar, viento) o como asiento (tierra), pero no podemos exponerla en este folio.

Zapatero sería un espíritu “multiempírico”: la parcela de León, por un lado, y por el otro, el barquito de Perales, es decir, un marinerito en tierra, un buñuelo de viento, dulzón, aunque de mucha acedía, como los que doña Antonia, la mamá de Poli Díaz, nos preparaba de amanecida al regreso de darle una paliza en el ring a un panadero en Palencia.

El incendio de Guadalajara fue cosa de un cambio de viento. El helicóptero de Afganistán cayó por un golpe de viento. Y un viento electoral en contra se ha llevado por delante la Casa del Pueblo.

Teníamos todo el viento en contra.

Zapatero, como la Tierra, es del viento.

Él, que se reía del levante (“viento duro”) de Aznar, sin saber que ese viento irrita tanto los nervios que los romanos llegaron a considerar como una atenuante penal el hecho de haberse cometido un crimen en día de levante.

Con el levante se pudren los muebles, se corroen los espejos, contrae orín todo lo que es hierro y ninguna vianda puede durar más que veinticuatro horas –sostiene don Ignacio López de Ayala, tertuliano de la Fonda de San Sebastián, donde se permite hablar sólo de toros, versos y amor.

En España, si eres progre y quieres saber hacia dónde soplará el viento, has de mirar a Sabina.

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