Follow by Email

martes, 25 de septiembre de 2018

La feria

Abd el-Krim, caudillo rifeño


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Pocas cosas nos habrán hecho más daño que aquella ortegada del “proyecto sugestivo de vida en común”. Las sociedades sólo son proyectos para los totalitarismos. El Ortega invertebrado llegó a ser, con sus apuntes de Renan, santón del fascismo (ilustrado) en España.
Cataluña es un pueblo esencialmente sentimental –dice José Antonio en las Cortes del 34–, impregnado de un sedimento poético… hasta en la vida de esas familias barcelonesas que transmiten de padres a hijos las pequeñas tiendas en la plaza Real
Ahí está “la empatía” con Cataluña que pide Pedro Sánchez, el Josué elegido por Don Dinero para “Pactar Cataluña” con arreglo a la “hoja de ruta” editorializada por el periódico global en tiempos de María Soraya y Cebrián (junio del 16). Que Sánchez se crea Schumpeter o que Torra Pla se sienta Abd el-Krim (suya es la comparación de Cataluña y el Rif) forma parte del universo poético descrito por José Antonio:

No sólo viven con un sentido poético esas familias, sino que van perpetuando una tradición de poesía gremial, familiar, maravillosamente fina. Esto no se ha entendido a tiempo. A Cataluña no se la supo tratar.
Tratar es pactar, y eso requiere de lo que en su “Comentario al Discurso de Gettysburg” llama Santayana “psicología de la feria rural”. Sánchez se dirá: “¿En verdad me importa la secesión de Cataluña para que mi esposa forme líderes africanos en un instituto madrileño?” Y Torra Pla se dirá: “¿Era tan importante que el Real Madrid tuviese trece copas de Europa?” Y ambos se contestarán: “¡No! Lo que realmente necesitaba era este amigo!”
Al hilo de Santayana, lo malo, hoy, aquí, es esa clase irracional de plasticidad moral (¡cuarenta años de consenso!) que tolera que la voluntad y la acción cambien de fundamento, como si aparecieran de repente, inexplicablemente, mezcladas e inconexas, “como a un niño inocente podría parecerle que los cohetes estallan sin causa en un cielo vacío”.

Hemos llegado al “trance” del “día cuarto” de la feria.