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viernes, 23 de marzo de 2018

Ganga

Hans Kelsen


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

En ágil huida del tabarrón catalán, vuelve uno, por recomendación de Ullán, a Ganga, el villorrio del cubano Bobadilla, donde “ajumarse” era una gracia, una prueba de virilidad. Los gangueños profesaban el liberalismo de los trópicos: eran tramposos, no pagaban y tenían una biblioteca “para desmentir la tradición española de que estudio y hambre son hermanos”. Un día intentaron linchar a un anarquista marsellés que no se descubrió al paso de la Virgen: “Sí, que se lo lleven a la ‘cáice’, ‘po’ hereje. ‘¡Sinvegüensa!’”

¡Cómo goza la canalla con la caída del hombre inteligente que no comulga con el rebaño!
El doctor achacaba a la exuberancia de luz las causas de lo prosaico, de lo cursi de todos nuestros literatos. Mucha palabrería, eso sí: pero ni una idea, ni una emoción, nada sobriamente artístico, nada hondo, entre quienes se llaman entre sí “Donatellos de la prosa”.

¡Realismo capitalista! –diría luego Octavio Paz–. ¡Anecdotario de señoritos!
La vanidad, según el doctor, radica también en el exceso de sol. Como la envidia: “En cuanto sale alguien independiente, que no adula,¡a formarle el vacío! No, no le discuten. Le aíslan. ¡Y ay del infeliz que tenga que vivir de ellos!”

Es el procedimiento jesuítico.

La publicación de las hojas sueltas era una epidemia entre los gangueños: por un quítame esas pajas, estaban durante días y días disparándose hojas volanderas en que se ponían de oro y azul. Pero el duelo era punto menos que imposible: en Ganga, según un chusco, no se batía más… que el chocolate.

En Ganga no se entiende el espectáculo de los catalanes jeremiqueando en el Supremo después de haber infernado la vida española, ahora en manos de unos juristas que de la chistera del 155 se han sacado un “estado de excepción” (¡sin plazos escritos!) único en el mundo, que atraerá al turismo kelseniano.

El kelseniano común saluda exageradamente con el codo en el aire, “como perro que se mea en la pared” (Bobadilla). Ayer, Suárez. Hoy, Pablemos.