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lunes, 19 de marzo de 2018

Cuarta victoria consecutiva. En Tarragona 0-2

Reyes posando ante el gol del ascenso
Aythami, defensa de Las Palmas, mira incrédulo


Francisco Javier Gómez Izquierdo
     
    No sabemos cómo acabarán los trabajos del Córdoba, al que un nefasto mercader abandonó en un mar de tempestades sin brújula ni timón, pero varios son los Hércules que cada siete días se aprestan a las tareas para doblegar adversarios que hasta hace un mes parecían invencibles. El 0-2 de ayer en Tarragona ha desbordado el entusiasmo de una afición que hace menos de un mes cabeceaba (cabeceábamos)  resignada al compás  de las derrotas.
      
El Hércules, primero, no juega. Se sienta en el banquillo y se llama José Ramón Sandoval. Más con la parla que con las tácticas ha conseguido reverdecer la confianza de su plantilla en sí misma y es cosa de ver la transformación de por ejemplo Loureiro, al que un servidor llegó a tildar poco menos que inútil para el fútbol, en el arte de cortar y centrar como se presume a un lateral. Sandoval es un artista en eso que hoy llaman motivación y que Maguregui, un poner, ya practicaba en el Rácing con más palabrotas. Ni Maguregui, ni Sandoval tienen perfil de entrenador “top”, pero no los hay como ellos en los fogones de las casas corrientes.

     En la defensa tenemos a dos herculazos. Kieszeck, que ha estado siempre en su sitio,  la portería, incluso en los peores partidos, y el central canario Aythami, todo un carácter. Sin lugar a dudas el tipo que agita al equipo para bien. Intimida al contrario, al árbitro y al público hasta el punto de que cualquier día se nos desgracia con una roja asesina.
     
Guardiola es un herculito a rachas al que la racha buena le ha venido en Córdoba. Lleva 17 goles, y como hace un mes nos llegó Reyes, el mejor colocador de 2ª, es hasta posible que nos agradezca el detalle de la presidencia con otra decena de goles capaces de salvar a un club dispuesto a morir en el empeño.

     El Hércules más decisivo es Reyes. Se había retirado, pero no sé aún cómo demonios se le convenció para que volviera a socorrer a un moribundo. A principios de febrero aguantaba 10 minutos. Contra el Lugo ya jugó casi la media hora final, pero ayer, Sandoval, en arriesgada jugada de mus, echó un  órdago a la grande y lo puso de titular. Falta al borde del área. Toque celestial y cabezazo de Aythami. Como en Alcorcón. A la media hora tirones y molestias lógicas que obligaron al cambio por Alfaro, pero eso sí, con el partido ya de cara. Este Alfaro, en ocasiones indolente, asistió al final a Guardiola para sentenciar con un 0-2 a un rival con el que hemos de echar cuentas en junio.

     Cuatro últimos partidos, cuatro triunfos. Córdoba en ebullición y como a cada abonado nos dan dos entradas casi gratis, a las taquillas que me he ido esta mañana con el carnét del chico y el mío para procurar localidades a los cordobesistas que salen tras las lluvias que hacen crecer el sembrado.  Después de una hora de cola y un revuelo de periodistas y advenedizos con mucha cara vuelvo a casa para decir en Salmonetes... que la emoción, quizás el elemento más importante del fútbol, se va a repartir por arrobas en Córdoba. El sábado, sin ir mas lejos, contra el Oviedo y con uno de esos llenos que se llevan en la Champions.