Francisco Javier Gómez Izquierdo
Tengo hechos muchos kilómetros andados en Barbate y me gusta, cuando no aprieta demasiado "la caló", caminar por las marismas del río Barbate hasta el puente de madera que levantaron no hace mucho y queda cerca ya de Vejer de la Frontera. Si voy sólo, me atrevo a llegar hasta la Barca de Vejer, que son las construcciones que quedan debajo del pueblo de los vejeriegos, que como saben está en un alto. Al otro lado de la desembocadura del río, hay doce kilómetros a Zahara de los Atunes y alguna vez he pasado el puente, he bajado a la playa y he llegado hasta la que se conoce como playa del Retín, a mitad camino entre Zahara y Barbate donde a veces he topado con un rebaño de vacas "colorás" que creo me miran con mala idea y me he vuelto porque valiente no soy. Justo frente a la playa hay unos cerros a los que llaman sierra del Retín donde lleva no sé cuántos años un acuartelamiento naval del que se queja el Ayuntamiento barbateño porque el Ministerio de Defensa no ha pagado nunca un céntimo por disponer de tantísimo terreno. El miércoles, durante unas maniobras robaron a "los militares" tres lanchas semirrígidas en la playa del Retín y los que hemos hecho la mili no entendemos cómo puede haber tanta torpeza en una escuadra, un pelotón o una compañía, y servidor que conoce el terreno se le hace difícil comprender cómo nadie vio a "los piratas". Porque las lanchas desaparecieron -dicen que las dejaron camufladas- sin que ningún ojo vigilara. -"¡Qué cosas, a mí me "vanadesí" que hacíamos guardia "pa que nuyuera" un frontón!", soltó uno al que tienen por tonto en lo de Juanjosé. Servidor estaba por allí y en el mercado, uno de un puesto le decía a un cojo con gorra amarilla. "-¿Éso? uno de los 'soldaos c'avisao' cuando han traspuesto los cerros". Servidor ha subido el río arriba más de cien veces y he visto en la curva gorda, a unos 300 metros de la desembocadura, una fila grande de chabolas de difícil acceso hasta donde es fama que llegaban no hace tanto, lanchas cargadas desde Marruecos y que oficialmente son chamicillos para guardar barquitas "pa las coquinas y los cangrejos". Y también para guardar perros. "Por ahí andarán", me dije. Así pensé, no por listo, sino por lógica demoledora. Habrá tres kilómetros desde donde estaban "camufladas" junto a la playa hasta donde dijeron ayer que las encontraron, ahí entre unos árboles, tras el polideportivo donde un día vi a Migueli con un abrigo de cuero negro.
Como se están conociendo noticias tan alarmantes en España, me reafirmo en la sospecha de todos aquéllos que rondan las fuentes donde manan las aguas podridas. Sobre todo de los suavones. Hoy me he enterado que también la semana pasada, el doce, San Pancracio, salió en libertad provisional el baranda policial que tenía las paredes de su casa forradas de millones de euros, al estilo de la serie de Pablo Escobar. ¡Qué cosas mas raras hay que ver!


