martes, 26 de mayo de 2026

El portafolio


Freeman (por encima de Zhou Enlai) en la mesa principal durante la visita de Nixon a Pekín, 1972


Trump, Pekin 2026


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Con todos los ratones prestos al mordisquito en el queso de los pactos andaluces, la “España oficial” (que aún consiste “en una especie de partidos fantasmas que defienden los fantasmas de unas ideas y que, apoyados por las sombras de unos periódicos, hacen marchar unos ministerios -autonomías, diría Ortega hoy- de alucinación”) contiene la respiración ante el portafolio azul-pepé de Bonilla, mientras la “España vital” busca distracción en los memes de las redes sociales, como ése de Trump echando un vistazo furtivo al portafolio privado, decían los coñones, de Xi Jimping durante un banquete en Pekín en lo que Vinipú montaba en la tribuna la trampa de Tucídides.


El fisgoneo era falso (el portafolios tenía impreso el sello presidencial americano), pero se nos hacía verdadero porque sabemos de las ganas de Trump por descubrir el secreto del milagro chino, y pudiera ser, pensaría, que la fórmula la tuviera anotada en su cuaderno el señor Xi, que llevaría a la China en una agenda de piel vintage como Bernabéu llevaba al Real Madrid en una libreta de hule.


El portafolio azul-pepé de Bonilla es un homenaje a Aznar, el de la libreta azul con los nombres de los ministrables, no al juez Coke, aquel hombretón que se atrevió a explicarle al soberbio Jacobo que no era la monarquía el sostén del derecho, sino el derecho el sostén de la monarquía, dicho lo cual se desmayó, cosa (decir eso, no desmayarse) que jamás esperaríamos de Bonilla. Coke acostumbraba apuntar los pormenores de los procesos en una agenda azul, de donde la posteridad ha podido extraer el pensamiento jurídico y político del eximio juez. Otro portafolio que cambió la Historia fue el de Robespierre con los nombres de los destinados a la guillotina, hasta que Notre-Dame de Thermidor, Teresa Cabarrús, carabanchelera ella, se apostó en la puerta de la Asamblea y susurró a cada diputado que entraba un “tú también estás en la lista” que incendió los ánimos que acabaron con el tirano, título que nuestros alegres liberalios aplican al señor Xi, quien, por cierto, aceptó en su mesa al sancionado desde 2021 Marco Rubio, mediante el hábil procedimiento de transliterar su nombre, que nada significa, por otro que en el ideograma vendría a significar “grosero” o “patán”, observación del ex embajador Chas Freeman (en su día intérprete de Nixon en Pekín) a Pascal Lottaz. Rubio, que ya pasó de mormón a católico, pasa así de Rubio a “patán”, forma china de recordarle que sigue bajo sanciones, según Freeman, quien da por muerta la diplomacia americana, hoy en manos de dos bingueros de la vida (un yerno y un amigo del golf). Mas de la mitad de las embajadas americanas no han sido cubiertas. Y el Nomos de la Tierra desplaza al Nomos del Mar (260 años de Imperium Anglosaxonicum). La “Inglaterra fatigada” de Spengler.



Freeman, arriba y entre Nixon y Zhou Enlai, como intérprete en Pekín, 1972

 [Martes, 19 de Mayo]