Ignacio Ruiz Quintano
Abc
España subida a una silla porque el gobierno, o lo que eso fuere, dice haber visto un ratón colilargo en la habitación. Así sorprendieron una vez a Benavente en su cuarto de Albarracín, adonde se había retirado a escribir: en batín y dando saltitos en lo alto de una silla, asustado por un ratón. Colilargo o lo que Krahe llamaría un burdo rumor (“No sé tus escalas, por lo tanto eres muy dueña / de ir por ahí diciendo que la tengo muy pequeña”, etcétera).
Roer es quizás el ritmo de alimentación normal para nuestra especie (¡qué les vamos a contar a los empotrados en el Régimen del 78!), pensaba Marilyn Ferguson, la del “best-seller” ochentero de la New Age “La Conspiración de Acuario”. No estamos condenados a ser libres, como peroraba Sartre; estamos condenados a vivir con (y en muchas ocasiones como) las ratas, según demostró Michel Dansel en “Nuestras hermanas las ratas”, que son siempre las primeras en saltar del barco, razón por la cual la Guardia Civil desplegó en Canarias un dron de vigilancia sobre el buque fantasma de ese ratón colilargo y maromero, capaz de tocar tierra en el puerto haciendo rapel por un cabo. Si Uropa ha tenido el valor de atacar una pata de la triada nuclear en Rusia (junio del 25), ¿se va a achantar hoy por la cola de un ratón que amenaza con bajarse de un barco a hacer de cuerpo en espacio Schenguen para contagiarnos un virus de la ganadería Tedros?
Del hombre es un ser para la muerte de Heidegger al hombre es un ser para la vacuna de Tedros, de cuyo chiringuito se cayeron Estados Unidos (norovirus) y Argentina (hontavirus), curiosamente los dos países de donde zarparon los nuevos pangolines en viaje de crucero para echar de comer a los expertos. Si un experto dice que no se puede hacer, busca otro experto. Pero aquí tenemos tanta suerte que nos valen los mismos expertos y los mismos trajes y los mismos cuentos del año 20, gracias, entre otras cosas, a que Feijoo, nuestra Kamala, no pudo colocarnos su ley de pandemias. Vuelve Fernando Simón con chubasquero EPI y gorrito de quirófano, nuestro Bernard Rieux en este simpático Orán del 78. Si Camus quiso hacer con la peste una metáfora del nazismo, nosotros estaríamos haciendo con el ratón colilargo una metáfora del sanchismo, que doctrinalmente tampoco es peor que el zapaterismo, el aznarismo, el felipismo o el suarismo.
Lo divertido para saber del ratón colilargo que tiene a España subida a una silla es la prensa deportiva, encargada de llevar, camuflada entre el Clásico, la propaganda al obrerete. Sus cuentos son versiones bufas de “El buque fantasma”, y si era por llamar la atención, los guionistas de Tedros podían haber tenido las pelotas de programar para el “Hondius”, con yutuber incorporado, una travesía del estrecho de Ormuz.
[Martes, 12 de Mayo]

