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viernes, 24 de marzo de 2017

La justicia

Rabelais
“Si una quimera, bamboleándose en el vacío, puede comer segundas intenciones”



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La justicia española es una mezcla de Afrodisio, el maestro de esgrima, y de Ben Johnson, el recordman canadiense: ágil en el Supremo y veloz en lo Social.

Al Supremo entraron los profanadores de una capilla laica (centro cultural) con ocho meses de condena por el grito “¡Cataluña es España!” y salieron con cuatro años bien corridos por la agilidad de los juristas en apreciar “catalanofobia”, pues donde esté una intención que se quiten los hechos. (Aquí, la broma de Rabelais citada por Borges: “Si una quimera, bamboleándose en el vacío, puede comer segundas intenciones”). Por allí pasaron luego las autoridades estatales que organizaron por su cuenta un referéndum separatista: para un lego, la agilidad de la lógica, en este caso, hubiera sido cambiar “desobediencia” por “sedición”, pero ¡quia!, y prevaleció la agilidad del Consenso setentayochista de no apreciar “hispanofobia”, que en España tiene rango de derecho constitucional.
En cuanto a lo Social, ¿qué no se dijo ya? “Lo Social” es la forma laica como fingimos creer de lunes a viernes lo que antes sólo fingíamos creer (en misa) los sábados y domingos: que los pobres heredarán un día la tierra. Cuando Cristina Cifuentes, Cecé, dice que Errejón es el hijo que todas las madres quisieran tener, es porque ese becario “black” posee un don de “lo social” que le lleva a decir que las colas de Venezuela obedecen al exceso de dinero de bolsillo de los venezolanos, cosa que a ninguna madre le dirá su “Tamagotchi”.
Y precisamente un Juzgado de lo Social, el 31 de Madrid, ha recibido el premio de Calidad de la Justicia por la cantidad de sentencias que despacha, seis, y de diez folios la unidad, por día (hábil), algo así como Roy Bean en un Burger al este del Pecos.

Yo no soy empresario, yo soy productor –presume el nuevo Teodulfo, Roures, basilisco de la lucha de clases, olvidando que “productor” era el nombre franquista de “obrero”.
Hombre, producción, la de la jueza del 31.