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miércoles, 8 de marzo de 2017

Breve historia de Teresa Cabarrús, más conocida como Madame Tallien

Teresa, lánguidamente encarcelada, por J.L. Laneuville


Jean Palette-Cazajus

Comentábamos hace poco el descubrimiento de una pequeña cinta de 1904 donde aparecían Marcel Proust y Elisabeth Riquet de Caraman-Chimay, condesa Greffulhe, sin duda el modelo principal de la mítica Oriane de Guermantes. Así fue como descubrí que la refinada condesa era la biznieta de la extraordinaria Madame Tallien, verdadera heroína de novela y protagonista de la Revolución francesa. La propia historia de la familia Cabarrús –pues éste era el apellido vernáculo de nuestra protagonista– fue una excepcional saga hispano francesa. 

Los Cabarrús eran oriundos de la localidad navarra de Caparroso y se afincaron en el pueblo francés de Capbreton, algunos kilómetros al norte de Bayonne, a principios del siglo XVII. La familia destacó en los negocios creando un emporio asentado en Bayonne y Burdeos. La historia del padre de nuestra protagonista, François, o Francisco, Cabarrús (Bayonne 1752 – Sevilla 1810) fue excepcionalmente brillante. Con 18 años se instala en Valencia donde se casa con la hija de otra familia franco española, Ma Antonia de Galabert y Casanova. Empapado de filosofía de las Luces, Cabarrús será amigo íntimo de Jovellanos, Olavide y Campomanes. Masón, miembro de Las sociedades Económicas de Amigos del País, pide la nacionalidad española en 1781. Entre los hitos de su desbordante actividad, está la refundación, en 1782, del Banco de San Carlos antepasado directo del Banco de España, la creación de la Compañía Real de Filipinas o el proyecto de varios canales. No se hizo realidad el que ideó para unir Madrid con el Atlántico por el Guadalquivir, pero mejor suerte tuvo el que terminaría siendo el Canal de Isabel II. Encarcelado por malversación a la muerte de Carlos III, es declarado inocente e indultado por Carlos IV que lo nombra conde de Cabarrús y vizconde de Rambouillet. Negoció para Godoy la paz de Basilea, con Francia, en 1795 y murió siendo ministro de hacienda de José Bonaparte.

 Madame Tallien por J.B. Isabey (1795)

Teresa Cabarrús empezó su vida en 1773, en el castillo de San Pedro sito en Carabanchel Alto, y la terminó en otro castillo, el de Chimay, en la actual Valonia belga, en 1835. “Ma vie est un roman” dicen que dijo, y a fe que fue una novela. Con once añitos dicen que probaba su precoz capacidad de seducción con los preceptores de sus hermanos. Criada por monjas francesas, contrajo una fuerte animadversión por todo lo eclesiástico. Su padre, que pretende mantener sus posiciones en Francia, la dota con 500 000 libras y la casa con un petimetre, Jean Jacques Devin de Fontenay, impresentable zascandil que pronto acaba con la dote. Entretanto la jovencísima Teresa habrá tenido tiempo para abrir la larga lista de sus amantes pero también un salón en el selecto barrio parisino de “le Marais” donde conocerá a varios de los futuros protagonistas de la inminente tormenta revolucionaria. Allí acudían La Fayette, Mirabeau o Felix Lepeletier de Saint Fargeau, aristócrata, futuro jacobino destacado y probable padre de su primer hijo, nacido el 2 de Mayo de 1789. 

El 31 de Octubre de 1793, caen las cabezas de la élite “girondina”, facción moderada y federalista así llamada por proceder, los más significados de ellos, de la región de Burdeos. Allí residía buena parte del clan Cabarrús y Teresa, sospechosa “girondina”, busca refugio en su familia. Encarcelada a principios de Diciembre, la saca del calabozo el delegado de la Convención en Burdeos, Jean-Lambert Tallien, sujeto particularmente radical pero tan perturbado por su belleza que irá aguando su rigor represivo. De modo que Teresa se gana el mote mariano, de “Nuestra Señora del Buen Socorro”. El primer “Décadi” del mes de “Nivôse” del Año II republicano -¡Qué bucólicos los meses revolucionarios!-  o sea el lunes 30 de diciembre de 1793, la excarcelada ciudadana Théresa Cabarrús leyó un discurso sobre la educación en el Templo de la Razón de Burdeos. Mientras tanto, en París, la cúpula jacobina vivía con gran escándalo la relación entre su representante supuestamente incorruptible y la bella aristócrata hispano gala. Terciaron a su manera Maximilien de Robespierre y el Comité de Salvación Pública, y Teresa terminó encerrada en la terrible prisión “des Carmes”. Allí convivió con Rosa de Beauharnais, la lánguida criolla martiniquesa que, una vez emperadora, prefirió que la llamasen Josefina. Se atribuye a las dos amigas un grafiti descubierto más tarde: «Libertad ¿cuándo dejarás de ser una palabra vana? Llevamos diecisiete días encerradas. Nos dicen que saldremos mañana. ¿Pero no es esta otra vana esperanza?».

 Rose (Joséphine) de Beauharnais por François Gérard (1801)

Por los pelos se salvaron las dos hermosas cabezas de caer en el cesto de serrín de la “Santa Guillotina” como la canonizaban los exaltados. Teresa consiguió mandar un último mensaje a su amante: “Voy a morir por pertenecer a un cobarde”. Tallien reacciona y se une a la conspiración del 8 Thermidor, Año II (26 de Julio de 1794) contra Robespierre. Llega la fatídica noche del 8 al 9. Sube a la tribuna Saint-Just. Tiene 26 años, es la mente más brillante de la Revolución, fue el inspirador de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano pero se ha enrocado en el bando intransigente y se mantiene fiel a Robespierre. Su elocuencia es capaz de invertir el curso de las cosas. Tallien lo interrumpe brutalmente. Incomprensiblemente Saint-Just se calla y se resigna. Al día siguiente Saint-Just, Robespierre y 21 de sus partidarios son guillotinados y acaba el sangriento episodio del “Terror”. Teresa sube por segunda vez a los altares y en esta ocasión se gana el apodo de Nuestra Señora de Thermidor.

 Madame Tallien por François Gerard. (1804)

Agradecida, se casa con Tallien. Les nace una hija a la que llaman “Rosa Thermidor”.  “Rosa” como la madrina Beauharnais. Pero el ciudadano Tallien ya pinta poco en la nueva situación y pronto le agradece Teresa los servicios prestados. Ahora se abre el extraño y breve período (1795-1799) del Directorio. Época de corrupción, de desorientación, de reacción política y al mismo tiempo de paradójica consolidación de la Revolución. El Directorio reprime por igual a monárquicos y jacobinos. Pero es también época de desenfrenado disfrute de la vida tras los pasados meses sangrientos. Para Teresa, el Directorio será el capítulo más brillante de la novela. Es una de las llamadas “Tres Gracias” del período. Las otras dos son Madame (Juliette) Récamier y Fortunée Hamelin. Rosa de Beauharnais, con 32 años ya empieza a preocuparse de asegurar el porvenir. De las “Tres Gracias”, Teresa es la más influyente. Se le atribuye el invento o en todo caso la impulsión de una moda femenina que arrasó en aquellos años, la llamada “neo griega”. En mi modesta opinión la más hermosa y sensual originada jamás por las vicisitudes de la historia. La primera moda desde la antigüedad que no secuestraba ni aprisionaba el cuerpo femenino. Durante unos años reinaron las gasas, las muselinas, los crepés y sobre todo las atrevidas transparencias que liberaban los movimientos del cuerpo y ofrecían, con sus tallos muy altos, un lánguido nido a la belleza de los pechos. ¡Pero, serenémonos!


 Juliette Récamier por François Gérard (1805)

Aquellas mujeres se conocieron como las “Maravillosas”. Su equivalente masculino eran los llamados “Increíbles” caracterizados por una tipo de moda tan extravagante como rompedor, que marcaba una ruptura si cabe todavía más total con los hábitos vestimentarios del Antiguo Régimen. Sin duda sólo hubo otra ruptura de parecida radicalidad en la Historia y fue la que acompañó las mudanzas de la década de 1970. Las “maravillosas” y los “increíbles” encarnaron hasta el exceso el culto de la libertad individual, rompieron con la moral tradicional y pusieron los cimientos de la emancipación femenina. Aparecen objetivamente como el puro producto de un ideal prerromántico cuando resulta que su revolución estética pretendía ser una proclama rabiosamente anti jacobina y que muchos de ellos eran fervientes partidarios de una restauración monárquica. En comparación, los revolucionarios de 1793 estuvieron obsesionados con evitar que la mujer saliera de su papel más tradicional como lo mostraron los trágicos destinos de Madame Rolland y de la gran Olympe de Gouges. Fue la primera ocasión en que se demostró que la condición requerida para que germine la mejor semilla de las revoluciones, es que fracasen previamente. 

 Fortunée Hamelin por Appiani

Entretanto, adulada y deseada, Teresa Tallien demostraba su pluralismo. Nada rencorosa, tuvo una aventura con el joven general Hoche, ídolo de los ejércitos republicanos y muerto a los pocos meses. Su acreditado olfato político le aconsejó a continuación convertirse en amante de Paul Barras, uno de los cinco “Directores” que ostentaban el poder ejecutivo. En realidad, Barras era el hombre fuerte del régimen y consiguiente macho alfa en materia erótica. Disfrutaba al alimón de los favores de las citadas tres gracias, la Récamier, la Hamelin y Teresa, a las cuales había que sumar Josefina de Beauharnais y una abundante caza menor. Teresa Tallien que ha padecido en carnes propias las incertidumbres de la política y su volatilidad opta entonces razonablemente por mudarse al lecho de un tal Gabriel-Julien Ouvrard, proveedor de los ejércitos. La ninfa thermidoriana olfatea que pocos oficios había más propicios al enriquecimiento rápido. En 1798 el tal Ouvrard era nombrado proveedor de víveres y abastos de la armada francesa y de la…española. Más tarde, con motivo de la campaña de Rusia, el pájaro llegaría a suministrar al ejército zapatos de falso cuero y suelas de cartón, todo muy apto para el catastrófico invierno. Pero Ouvrard le ha regalado un palacete y Teresa tiene cuatro hijos con él.

Desgraciadamente las cosas se van a torcer. Bonaparte que bebió los vientos por ella y la cortejó vehementemente no oculta su rencor. Después del golpe de estado del 18 de Brumario del Año VIII (9 de Noviembre de 1799) le prohíbe todo acceso a la corte consular y luego imperial. Machito latino hasta lo caricatural, alega que no quiere ver a una persona “que tiene hijos con casi todo el mundo”. “Inglaterra, Rusia y Madame de Staël acabaron con Napoleón” dijo alguien. De modo que, socialmente marginada, Teresa se acercó entonces al salón de la famosa escritora, bestia negra del corso y  la que mejor intuyó las nuevas sensibilidades, culturales y políticas. Allí conoció a François Joseph de Riquet de Caraman- Chimay con quien se casó en Agosto de 1805. Como suele ser costumbre, la implacable edad fue sustituyendo poco a poco la agitada vida sentimental y hormonal de aquella que unió “la vivacidad francesa y la voluptuosidad española”, por 30 años de mecenazgo artístico, dorado y aristocrático. El primogénito del matrimonio sería el padre de la refinada condesa proustiana.

 Thérésa Cabarrus neo griega

Habrá que concluir. Soy de los que se quedan perplejos ante el concepto de “aceleración” de la Historia. Pero nunca lograré renunciar a la idea de que, entre 1789 y 1794, el material histórico acumulado es el que da habitualmente para varios siglos. La propia novela de Teresa Cabarrús - Tallien no dura más de 4 o 5 años. Seguirán 30 años de confortable recato franco belga. La cantidad de individuos excepcionales engendrados en este fugaz destello cronológico fue asombrosa. Tan asombrosa como la inquietante propensión de muchos de ellos a creer que los problemas humanos pueden resolverse por la tremenda. Lo menos que puede decirse es que, quitando la instauración del divorcio, la Revolución francesa no fue muy feminista. A Germaine de Staël, última protectora de Teresa, le sobraba autoestima. Tan fascinada quedó por el joven Bonaparte que llegó a pensar que una unión, espiritual y carnal, de los dos sería la salvación de Europa. Pero le preguntó un día al futuro emperador cual era para él la mujer ideal. A lo que contestó el corso que la que más hijos hacía. La belleza de Madame de Staël era inferior a su talento literario. Sus retratos la favorecen. Pero tuvo tantos o más amantes (Talleyrand y Benjamín Constant los más conocidos) que Teresa Cabarrús. Todas ellas se acostaron por gusto, por libertad y por necesidad. Lo resumió Olympe de Gouges, autora de la Declaración de Derechos de la Mujer y guillotinada el 13 de Brumario, Año II (3.XI.1793): “Lo que la fuerza (masculina) les arrebató, las tretas (femeninas) se lo devolvieron. Tuvieron que recurrir a sus encantos… El gobierno francés dependió durante siglos de la administración nocturna de las mujeres”. Tras la Revolución, resultó evidente que sin la absoluta igualdad de derechos de las mujeres, la condición humana sólo podía seguir siendo homínida.

Germaine de Staël, favorecida por E. Vigée-Lebrun (1808)