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sábado, 2 de abril de 2016

Suicidios

Pájaros y pájaras

Francisco Javier Gómez Izquierdo
      Es fama que en el Mundial de 1950, el del Maracanazo, hubo suicidios en masa. Periodistas brasileños dicen que no. Que es una leyenda voceada y escrita por colegas que necesitaban engrandecer una derrota injusta, pero está comprobado que al portero Barboza todo el Brasil lo condenó a no existir nada más acabar el partido. El Lobo Zagalo le expulsó de la grada cuando lo descubrió mirando un entrenamiento y “la gente” se cambiaba de acera cuando lo veían venir de frente. Barboza cumplió cincuenta años de condena hasta su muerte en el 2000 y en una entrevista que me impresionó, allá a mediados de los 90, le escuché decir que todos los días alguien le daba motivos para suicidarse.

      No creo que el fútbol sea tan importante como para desquiciar tanto, pero tengo claro que cada vez hay más desequilibrados capaces de asesinar hasta por un papel de fumar, ahora que a todo quisque le ha dado por comprar el tabaco de liar por cuarterones como nuestros abuelos. Los Madrid-Barcelona ya no provocan depresiones  entre aficionados perdedores y pusilánimes. Si acaso, arrebatos asesinos, resultado de una educación que en el siglo siempre culpa a otro de las barbaridades propias. Los Madrid-Barcelona, mientras no sean de Copa de Europa, están tan repetidos y son tan irrelevantes en los últimos años que hasta da coraje la parafernalia con la que se les recibe. Reconozcamos que es el partido con mayúscula y que es obligatorio verlo para quien no se avergüenza de mostrar interés por un Mallorca-Leganés, pero en realidad el Barça-Madrid de hoy, por ejemplo, carece de la trascendencia del Mallorca-Leganés de un rato antes.

    ..En realidad de lo que quería poner cuatro letras -tengo que aprender a domarme cuando me siento ante el ordenador- es sobre el suicidio y no sobre el “clásico”.  Habrán observado que es cuestión ésta que me interesa y preocupa, convencido como estoy de que a los psicólogos y psiquiatras se les mueren más pacientes, pero que muchos más, que a los oncólogos. “Ah, sí... ¿Fulanito, dices? No me extraña, andaba yendo a psicólogos..” Sobre todo me encorajina por la poca importancia que se da a los 4.000 suicidios anuales, al lado, por ejemplo, de las 50 mujeres asesinadas por sus parejas. No voy a entrar en los motivos de cada cual para tomar tan tremenda decisión, pero sí me llama la atención el oscurantismo al dar cuenta de la lacra  y el disimulo en el género, escondiendo en casi todos los periódicos que reflejan la estadística “facilitada oficialmente”, el número de hembras y varones muertos de tan expeditiva manera. ¿Se dan cuenta que es nota informativa que sale una vez al año y que ni se comenta entre los señores -y señoras- que sientan cátedra de lo que es bueno y malo?

     Los datos oficiales dicen que cada día se suicidan 10 personas, de las cuales 7’5 son hombres y 2’5 mujeres. Este porcentaje tiene usted que buscarlo como si fuera investigador, porque se pone de pasada y para que se olvide. Uno, que se fija de modo incorrecto en ciertos detalles que se tienen por poco importantes, padece infinita incomprensión cuando señala a las muertas no españolas asesinadas por sus parejas musulmanas, nigerianas o argentinas, como no computables en la estadística española. Como imaginarán, me llueve todo tipo de descalificaciones desde el nuboso cielo de mis compañeras y amigas, pero en el fondo noto que algo les raspa por dentro, porque todas -y todos- contestan con el mismo argumento: “..el español está educado en el machismo franquista”.

     ¿Y el suicida? Si la selección brasileña de fútbol, tan amada, provocó o fue susceptible de provocar -¿que más da la falsedad?- suicidios en masa...   ¿No cabe la posibilidad de que alguna víctima de modalidad tan violenta tenga su origen en el amor-odio del “género débil”?  ¿Se acepta un ciento entre los 3.000? Respondan que no, que qué barbaridad, pero sepan que a cierta edad es más digno que te crean machista mientras envidian a tu doña que te tomen por un gilipollas que no se entera de que hay muchas maneras de vivir del cuento.