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viernes, 22 de abril de 2016

Infierno



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

A sus 74 años recién cumplidos, Felipe González, Gonzalón, ha soltado su primera verdad política:

Hemos entrado en el siglo de la política a la italiana, pero sin italianos.
¿Y cómo hemos llegado hasta aquí? Pues, como dijo Belmonte para explicar la carrera de un picador que llegó a presidente, “degenerando”.

En 1977 España decidió mercarse “una democracia”, y en vez de ir por ella a América, como hizo De Gaulle para su V República, fue a Alemania, que es como si para mercarse una corrida de toros, en vez de ir a Lora del Río, donde pastan los Miura, va uno a Nueva Delhi, donde las vacas son diositas.

Protegido por Kissinger y Brandt, Gonzalón nos impuso el “café para todos” de las autonomías, sin otro fundamento que el de colocar a la peña de provincias, y el sistema proporcional, que impide la representación y carcome el sentido de unidad nacional. Pero Gonzalón era laboralista, como el presidente del Constitucional, que dice que el “derecho a decidir” (eufemismo del “derecho de autodeterminación”) es “aspiración política defendible (?) en el marco de la Constitución”, si incluye “a todos los españoles”. Es lo que hay.

Y lo que hay es un sistema alemán que administrado por españoles ha degenerado en italiano. Políticamente, lo más parecido al infierno según Russell: un lugar donde la policía es alemana; los automovilistas, franceses; y los cocineros, ingleses.

Sin mayoría absoluta, no hay democracia. En la partidocracia, sin embargo, la mayoría absoluta es el diablo, pues obstruye el reparto del botín.

España ha tenido mayorías absolutas por causas ajenas al sistema, pero ahora ya estamos como la Italia del “pentapartito”. El marketing ofrece a Rivera, un clon de Renzi, que viene de cargarse el Senado, después de colar su “Italicum”, versión pijotera de la “Ley Acerbo” con que Mussolini encauzó su “fascismo democrático”, cuya principal belleza, como vemos en Podemos, es el amor.

Pero el facha, leerán ustedes, es Donald Trump.