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martes, 19 de abril de 2016

El bufón

Beato


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

A petición del sultán turco, la infausta frau Merkel envía a la hoguera de la socialdemocracia europea a un procaz bufón alemán, Jan Böhmermann, en cuya pira se amontonan hojas secas de viejos códigos penales donde crujen como sarmientos derogados artículos imperiales.
¿Dónde está el “Je suis Böhmermann” en defensa de lo que Bataille llamó “pensamiento que ríe”? Por la misma regla de tres que a Jan Böhmermann, podrían llevarse a la lumbre a Julio Camba.
Al estudiar lo rahez hispánico, que Américo Castro atribuía a la influencia arábiga, don Claudio Sánchez-Albornoz sostiene que nuestra procacidad es anterior a Mahoma, y como maestros en expresiones raheces pone a Séneca, Marcial o al Beato de Liébana, que al arzobispo de Toledo llama “testículo del Anticristo”.

Acredita ese mismo desenfado –insiste don Claudio– la hermana del rey Bermudo II de Galicia camino de Córdoba para esclava del harén de Almanzor, apostrofando a sus guardianes: “Los pueblos deben poner su confianza en las lanzas de sus soldados más que en el c… de sus mujeres”.

Allá por 1909 Camba escribía en Constantinopla crónicas que encenderían el pelo de frau Merkel, la alemana “oriental”:

¿Y la Constitución? “La Constitución de Turquía será la renovación del Oriente”. En la pedantería de esta frase se advierte en seguida su origen catalán… Europa no tiene fuerza ninguna de europeización, ningún ideal expansivo con que influir al mundo. El de Alemania es un imperialismo egoísta que carece de toda fuerza moral. El único poder idealista con que hubiera podido Europa penetrar al mundo era el anarquismo, y el anarquismo ha fracasado. He aquí todo lo que el Occidente le ha dado al Oriente: una Constitución.
Bueno, y un plantón: el de ayer, en Madrid, del secretario en funciones Lassalle, que llegó tarde, en guayabera (rahez) y sin corbata, al Museo Arqueológico donde los elegantísimos embajadores de Arabia iban a inaugurar “El hallazgo moderno del país de Magán”.