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martes, 8 de marzo de 2016

El Estado



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Progre, en memorable definición de Gordon Liddy, era el que se sentía en deuda con el prójimo y proponía saldarla con tu dinero.

En España, el país más progre en sus palabras y más fachoso en sus hechos, liberal, hoy, es el que, por no haber hecho la mili, se siente en deuda con el Estado y pretende saldarla votando a Rivera con los votos de Rajoy.

Hace falta un hombre de Estado –es el rezo de las viejas, como si en la política española pudiera haber nadie que no fuera del Estado.

Incluso Pablemos y su banda de simplones, que se las echan de antisistema en la TV, son representantes, no de la Nación, como manda la teoría, sino del Estado, igual que todos los tribunos del Estado de Partidos salidos de las listas ratificadas mediante ese sistema proporcional que, contra el criterio de Fraga y de cuantos habían pasado alguna vez por Londres, impuso Felipe González, Gonzalón, que lo compró en Alemania y que tanto daño hace, allí donde rige, al sentido de unidad nacional.

En los días genesíacos de la ilusión, el sistema proporcional garantizaba a vascos y catalanes una castita local para sus nacionalismos, hoy en brazos de Otegui y de Rufián.
Ves a Rufián jugando a la sedición con su partidito estatal y su nominilla estatal y su “republicanismet” monárquico, y te viene la jaculatoria de Quevedo:
–Me dices que ves mal el Estado, te digo que ves el Estado.
En el Estado de las diecisiete autonomías (¡con lo que a cada Estado serio le cuesta tener la propia!), donde hasta el fijador para el pelo de los regidores corre por cuenta del contribuyente (¡gomina de Estado!), la socialdemocracia procedió al coma inducido de la sociedad, primero mediante su “analfabetización”, y luego, mediante su “encabronamiento”, sin saber a dónde lleva, no siendo a otra campaña electoral con las mismas listas de partido y el mismo sistema proporcional, aunque con “mujerajes” en vez de “homenajes”… y falditas en los semáforos que harán detenerse a los chóferes.