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miércoles, 2 de marzo de 2016

Cambio



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

No hay en 2016 monsergas más marmotonas y casposillas que “progreso” y “cambio”, cosa que ya no se lleva ni en el autobús, de donde te echan, y sin plataforma, como no lleves en la mano el euro cincuenta exacto.

Snchz, que ignora (también) el precio del billete de autobús, vende “el cambio”, y lo hace con Rivera, el viajante barcelonés que vende como corbata “el centro” que Heidegger daba por perdido.
El cambio, pues, flota otra vez en el aire, y Snchz juega con el globo terráqueo de La Moncloa como con una manzana: en el cielo estaría Dios, que ahora es una papelera de Carmena (“Al cielo sí, al suelo no”), y en la tierra, este joven divino, este superhombre, su amo.

Feliz, la época en que vivimos; felices, nuestros hijos –como en “La facultad de las cosas inútiles”.

La incurable tendencia a trastocarlo todo que según San Agustín hay en el hombre lleva al historiador Mandado (no confundir con el “mandatao”, que es Snchz) a postular que el Cid es catalán lo mismo que anima al periódico global a desmentir que la maternidad tenga algo que ver con la Naturaleza, cuando todo el mundo ve que es un invento “de la costumbre o, a lo sumo, de la cultura”, razón por la cual un mocetón de los Monty Python exigía en “La vida de Brian” su derecho a tener útero, derecho que seguramente Snchz incluya, “para todos y todas”, en su “pastela” socialdemócrata (fuera de la socialdemocracia sólo hay Extrema Derecha, es el salmo del pipero David Brooks en el “New York Times”) con Rivera.

Descartado el “cambio climático” de Di Caprio (un actor no es más que la flauta que toca lo que otro escribe), sólo veo dos cambios: el de Irene Lozano, si pasara a ser ministra, y el de Otegui, el Madiba de Elgóibar que amenizaba el secuestro de sus víctimas obligándolas a jugar a la ruleta rusa en el zulo, y que ya ha pasado del chabolo al caserío, con homenaje que al juez Belasko, acaso lector del hispanista Karlin, le parece de índole festiva. Como la ruleta rusa.