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lunes, 23 de noviembre de 2015

Tener y no tener

Noche del 0-5


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El Madrid tiene un equipo para tener el balón, pero no tiene el balón porque sólo hay un balón y lo tiene el Barça. Treinta y siete veces repitió este argumento el inglés del Plus, que parecía un profesor de “The London School of Economics and Political Science” explicando la ley de la oferta y la demanda a los piperillos.

    Pero lo que le pasa al Madrid es que es un equipo futbolísticamente autogestionario.

    La autogestión futbolística del Madrid comenzó el día que Ramos y Casillas plantearon lo de “o Mourinho o nosotros” (¡el motín de los capitanes!) y salió “nosotros”. Cuando Di Stéfano planteó lo de “o Muñoz o yo”, don Santiago Bernabéu evitó la autogestión del vestuario enviando a Di Stéfano al Español de Barcelona.

    –O Benítez o yo –dicen los italianos que dijo Cristiano en el vestuario autogestionario después del 0-4.

    Un vestuario autogestionario es como el ejército democrático de la primera República española, que era un sindiós de masones y federales proudhonianos del locatis de Pi y Margall (la España federal a que aspiran Rivera, que sería Pi, y Snchz, que sería Margall), que cuando los oficiales daban una orden los soldados contestaban a coro: “¡Que bailen!, ¡que bailen!”. Y los oficiales bailaban. Cualquier plan de ataque o defensa era sometido a la votación de la tropa (el sueño, al parecer, del generalito de Podemos), como tiene pinta de ocurrir en el vestuario de Cristiano, el Mejor Jugador del Mundo, y Ramos, el Mejor Central del Mundo, como sabe Luis Suárez, ese predador del Barcelona con cara de Vargas Llosa, el que “está como un toro”, al decir de Isabel Preysler.

    –A mí me motivan los pitos –había sido el aviso de Suárez, que abrió la fiesta culé con un gol de revés digno de Stan “The Man” Wawrinka, el mejor revés a una mano de la historia del tenis, al decir de John McEnroe.

    Pero resulta que quien se llevó los pitos que se esperaba Suárez fue Cristiano, que hizo muchos aspavientos, como de estar aparcando un caza en un portaviones, pero nunca se fue de Mascherano, que llevaba en la cara el moretón de Hacienda.

    De la pérdida de clase del público es prueba el jaleíllo que se montó por el 0-4 de Luis Enrique, en contraste con el silencio, ominoso silencio, del día del 0-5 de Cruyff.
    
Me he preguntado muchas veces quién fue el que dijo “vamos a callarnos” y, además, le hicimos caso todos –explicaría años más tarde don Santiago Bernabéu.

    Bernabéu achacaba esa maravilla al sexto sentido de las masas, algo muy distinto, según su experiencia, del concepto que tenemos de la vista, el tacto, el oído…

    Es verdad que aquel Barcelona tuvo a Cruyff y que el del sábado no tenía a Messi, con lo que la cosa quedó en cuatro goles y un “funeral”, esa Marsellesa en homenaje a las víctimas de Francia acariciada con las yemas de los dedos de Richard Clayderman. (¿Por qué Wood Allen desea reencarnarse en las yemas de los dedos de Warren Beatty antes que en las de Richard Clayderman?) En Mali, la patria de Diarrá, también hubo víctimas, pero el piperío no se sabe el himno, y como, después de todo, es país de influencia francesa, con la Marsellesa para “agarrao” alguien diría “va que chuta”.

Luego, el que chutó fue el Barça.


JE SUIS INIESTA
    Cría piperos y te sacarán los pañuelos. Yo les tengo vistas en el Bernabéu ovaciones a Ronaldinho, a Xavi… y a Iniesta, que ya lleva dos. Es su manera de sentirse grandes, piezas decisivas en el engranaje histórico. El “Je suis Iniesta” pipero del sábado es el “Je suis Diesel” (la perrita-policía) de Vicent el domingo. El arquetipo de pipero es Errejón, becario de arpegios pajaroideos en La Sexta de Tartarín Ferreras. Primero la superioridad moral: Errejón, que no sabe el significado de “álgido” (“Tengo, no obstante, tiene un recuerdo incómodo de cierta etapa de clásicos que tuvo su punto álgido con el dedazo de Mou a Vilanova”). Y luego la superioridad intelectual: “El primer gol en mi retina es el de Dubovský” (con acento en la ‘y’, como manda la Wiki). Cuando Florentino Pérez encueste a los piperos, le dirán: “La hegemonía se mueve en la tensión entre el núcleo irradiador y la seducción de los sectores aliados laterales”.