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lunes, 16 de noviembre de 2015

Empate ante el Huesca

Cuando el venezolano Darwin Machís
 llegó a Granada

Francisco Javier Gómez Izquierdo

        Con todo el mundo de entierro, llegó el Huesca a Córdoba con esa tranquilidad que transmite el nombre de ciudades como Soria, Palencia ó Huesca. Ciudades donde nunca pasa nada y donde nadie es más que nadie. Ciudades que carecen de urgencias reivindicativas y donde sus ciudadanos temen ser atacados por las modas de las grandes capitales. Ciudades que no salen en la tele y de las que no se sabe si el alcalde es pepero o socialista.

      El equipo aragonés llegó sin seguidores con los que poder hablar del cordobés Manolito, hoy ya Manolo con el cinco oscense, y sin ánimo de molestar. Se presentó en El Arcángel en son de paz, ofreciendo tablas nada más sacar de centro y con el cuarentón Leo Franco perdiendo tiempo desde el minuto dos.

     Es equipo veterano el Huesca. Camacho, el capitán, pasa de los 35 años , y lleva casi diez sufriendo  los vaivenes de un club más habituado a  2ªB que a la 2ª. Camacho, célebre por su infalibilidad en los penaltys, es el jefe en el césped y a quien a veces el míster Tevenet pide consejo, pero ya le faltan pulmones y ha dejado la batuta a Fran Mérida, un centrocampista al que de joven lo revalorizó en demasía Wegner, hasta el punto de contratarlo el Atlético de Madrid y la Real Sociedad. Me parece el mejor de un once sin demasiados alardes y que luchará por la permanencia.  Los laterales son de esos que salen por Cataluña y se foguean en el Sabadell o el Badalona, tal que el diestro Óscar Ramírez... o por el Levante murciano y se dan a conocer en el Poli Ejido o La Hoya Lorca, tal que Morillas. El central más titular es Íñigo López, que aún no me he enterado de por qué no quiso seguir en el Córdoba, con lo bien que nos hubiera venido. El otro lo disputan Rojas y Carlos David, ambos con ms pundonor que calidad y harto honrados confesando sus limitaciones. ´

Manolo, de juvenil en Córdoba, Manolito, es grandote y pegajoso y como casi toda la plantilla del Huesca llega al equipo después de sufrir en varios campos modestos como el de Écija, La Hoya o El Ejido. Hace de mediocentro con escasa técnica, pero con muchísima aplicación. Darwin Machís, junto a Fran Mérida es lo mejor del once. Como se sabe el más desequilibrante, parece que abusa con el balón entre los pies, pero el caso es que entrando en diagonal desde la derecha se sacó dos disparos de “aquí estoy yo”. Uno fue gol y el otro, casi. Es cierto que Víctor Pérez, un medio blanquiverde al que le tengo fe, abusa de confianza en el balón que supuso el empate, pero justo es reconocerle a Machís el mérito que le corresponde. A Víctor Pérez lo pita El Arcángel desde el primer día y cuando parecía llegar la reconciliación va el tío y armó la que armó.  Este Machís está cedido por el Granada, merced a esos extraños negocios a los que es dado Quico Pina, por lo que no sería descabellado que Sandoval lo reclamara por Navidad. Samu Sáiz, delantero “de movilidad” salido de La Fábrica, incordia como tábano, pero carece de remate, mientras que el costarricense  Jonathan Moya me ha parecido un ariete como cualquiera de los que embisten en 2ªB.
     
El Córdoba ha tenido oportunidades para ganar fácil el partido. De hecho, y a pesar de las ausencias de Florin y Markovic, no me ha disgustado el partido... hasta marcar el 1-0, en una genialidad de Fidel, ese artista un tanto indolente que sólo sabe firmar goles magistrales. El entrenador Oltra ha ordenado dos pasos atrás, ha descolocado al equipo con sustituciones extrañas y como es normal en 2ª, de un error tonto, ¡pum! gol con el reloj casi ya parado y un 1-1 en homenaje a la igualdad de una Categoría que comparten  Huesca... y Zaragoza.