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viernes, 6 de noviembre de 2015

En la muerte de René Girard



Jean Palette-Cazajus

Ayer, con 91 años, murió en Stanford, California, René Girard. Nacido en 1924, en Avignon, toda su vida creativa transcurrió en Estados Unidos. Tal vez para huir de la "French Theory" cuyos mandarines permanecieron reacios a admitir la enorme originalidad de su visión antropológica, tal vez porque era ajena a marxismos, estructuralismos y deconstructivismos que controlaban de modo férreo el pensamiento francés.

No le perdonaron que se descubriera cristiano a los 38 años. Tampoco hizo nada la Iglesia para asumir como suyo un catecúmeno tan disruptivo y heterodoxo.

Todo su pensamiento giró durante más de 60 años alrededor de dos ideas básicas: la primera considera que todos los conflictos humanos se rigen por el "deseo mimético". Todos nuestros deseos consisten en desear lo mismo que ya desea el Otro.

Extendiéndose de unos a otros, el "deseo mimético" termina llevando a la guerra de todos contra todos, la de Hobbes, lo que Girard llamaba "crisis mimética",  y el conflicto es inevitable.

En segundo lugar viene el concepto de"bouc émissaire", de chivo expiatorio -título de uno de sus libros más conocidos-, el cual, de forma a veces inmediatamente física, generalmente más simbólica y socialmente diluida, explica todos los conflictos humanos, incluso los más brutales. Los conflictos sangrientos reproducen en el fondo los primeros sacrificios rituales en que la víctima humana, con su muerte, aplacaba  la tensión homicida de la comunidad. Es el "mecanismo victimario".

La victima era culpable porque sí. Hizo falta recorrer un largo camino antes de que amaneciera la noción de "inocencia". Frente a la violencia colectiva, los propios griegos admitían que debe arder primero para apagarse después. 

Le gustaba citar una frase de los Vedas: "El sacrificio inventó a los dioses". Su libro más conocido en España es, precisamente, La violencia y lo sagrado.

Para Girard la primera víctima "inocente" fue Cristo. La revolución ética así engendrada era la condición para que la Cultura Occidental afirmara su absoluta originalidad. 

En una entrevista del 5 de Noviembre de 2001, a los pocos días de los atentados de las Torres Gemelas, Girard veía en aquellos acontecimientos el ejemplo perfecto de la "crisis mimética", y también resaltaba la terrible paradoja islamista, aquella que lleva a los asesinos a constituirse en las propias víctimas sacrificiales.

Es decir que hablamos de la peor subversión posible del proceso de civilización.

Girard decía aquel día:

"Parce qu'Abel sacrifie des béliers, il ne tue pas son frère. Parce que Caïn ne sacrifie pas d'animaux, il tue son frère. Autrement dit, l'animal sacrificiel évite le meurtre du père et du fils. C'est à dire qu'il fournit un exutoire à la violence".

"Porque Abel sacrifica carneros, no mata a su hermano. Porque Caïn no sacrifica animales, mata a su hermano. Dicho de otro modo, el animal sacrificial evita el asesinato del padre y del hijo. Es decir que ofrece una vía de escape a la violencia".

No se puede soñar mejor definición de la corrida de toros.