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sábado, 7 de noviembre de 2015

La compañera de viaje


Pablo Iglesias


Juana Reina

Hughes
Abc

Mañana sale una foto en el periódico que es una foto de Premio Pulitzer (en cuanto pueda la cuelgo).

Es el retrato al protagonista callado de todo este tiempo. Una foto a la coleta de Pablo Iglesias, tomada desde atrás y desde abajo. Como si el fotógrafo caminara de rodillas detrás de Iglesias.

Un poco fálica, incluso.

Vista así, la coleta se ve de otra manera. Es un primer plano y se la empieza a comprender en lo que tiene de sujeto callado.

La foto es tan buena que se le ve fuerza. De cerca, aislada, es una coleta rizada, exuberante. Parece una madroñera, ¡una madroñera de piconera!

La sensualidad de esa coleta se entiende en la foto, no antes. Esa foto es como un primer plano, una entrevista a la coleta.

Es un poco la corbata de Pablo Iglesias. La corbata por detrás, la señal de su compromiso y seriedad de nazareno. O sea, que no deja de ser un encorbatado.

Pablo carga con ella a las espaldas y le pesa, le pesa como una cruz de sensualidad. Es el lastre sexy de Iglesias.

Si no fuera por ella, sería sólo un señor tirillas, parecería un dibujo de Peridis.
Y que se iba a desfondar estaba claro desde que dijo que no se la iba a cortar. La persistencia en esa coleta le inhabilita para la Moncloa.

O la coleta encanecía como una escoba o la coleta se quedaba con toda la fuerza del personaje.

Porque no es una coleta, es una novia.

No es una coleta, es una compañera de viaje.

Pablo se cansa porque tiene que comer para dos, como una embarazada.