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martes, 17 de noviembre de 2015

Siria


Hughes
Abc

Tras el ridículo del viernes, las televisiones se fueron a París a dar la brasserie. Auténticos hitos del reporterismo que por piedad catódica deberíamos olvidar.

Mejor quedarse con la entrevista de Évole a Mikel Ayestaran, conocido de estas páginas, en la que contó que en Siria parece haber una guerra mundial comprimida. Muchos actores y muchos planos, también el religioso, ventilándose en ese avispero; baldío, pero avispero.

Siria sirve para vernos con claridad: bajo la apariencia (marsellesas y derechos humanos) está la realidad (los refugiados, en Jordania). En Beirut, días antes, hubo cuarenta muertos y no lloró nadie.
Como si aquí retumbara lo de allí, Siria explica los refugiados y lo de París. ¿Qué tendrá esa tierra arrasada que todos bombardean? En la CNN, alguien explicó una vez el efecto mágico que para algunos árabes tiene esa frontera. Al cruzarla se arrodillan, lloran. Allí creen que tendrá lugar el juicio de Dios.

Siria y su drama están presentes en otro hecho televisivo feliz, la sugerente quinta temporada de «Homeland».

La acción, contemporánea, tiene lugar en Europa con Siria de fondo. Los actores son varios: Estados Unidos, Israel, el mundo árabe y Rusia, que en las cuatro anteriores no había aparecido. Europa sólo es escenario y opinión pública.

En «Homeland», la trama tantea la nueva complejidad (de la bipolaridad –la de Carrie continúa– a lo multipolar): importa menos el terrorismo (asumido, quizás), y más la nueva orientación del mundo.

Puede que vayamos un poco por detrás.

Carrie y sus desorbitadas premoniciones, Quin, que retorna de Siria convertido en un hitmal letal, casi en un súper héroe, y Saul, con sus andares de John Wayne semita, representan el cada vez menos claro concepto de «los buenos». La inteligencia judío americana, su técnica, el ya vacilante liderazgo de la historia y la libertad (Liberté ¡Ésa que no le salía a Ferreras!). La ficción americana es un faro más fiable que los políticos españoles.

Ahora que rebrotan tensiones de guerra fría (el «refrior» del mundo, diría un manchego), «Homeland» nos devuelve a las historias de espías, con el misterio de Siria de fondo. ¿Qué atrocidades vería Quinn allí?